Los encantos de mi Ciudad

Ciudad universitaria

Por Alonso Marroquín Ibarra - 10 de Mayo, 2012, 18:37, Categoría: Los encantos de mi Ciudad


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Ciudad universitaria

Patrimonio cultural de la humanidad.

Por Alonso Marroquín Ibarra.

 

Un paseo remoto por la Ciudad Universitaria.

Conocí desde muy pequeño la Ciudad Universitaria (CU), mis padres me llevaron allí. Fue un paseo dominical, familiar, como tantos otros, con el que mi padre pretendía abrirnos los ojos para que conociéramos y valoráramos lo que tenía de grande nuestra maravillosa ciudad y, por supuesto, nuestro país.

El paseo se me hizo interminable. Por más que caminábamos, aquello me daba la impresión de no tener fin. Mi padre, con su voz parsimoniosa, nos platicaba conforme íbamos descubriendo cada una de las grandes explanadas y los edificios de las facultades. Nos hablaba de la importantísima misión de la universidad; del papel preponderante que jugaba en el futuro de nuestro México; de los miles de maestros que impartían sus conocimientos a decenas de miles de alumnos que asistían a sus aulas, procedentes de todos los rincones de nuestra patria y otros países; de la labor paciente de los investigadores y científicos que dedicaban su vida para aportar sus descubrimientos al conocimiento universal.

"Tan importante es la ingeniería como la historia, la arquitectura como la medicina, la mecánica como la filosofía… No puede desligarse el conocimiento científico del pensamiento filosófico: las humanidades forman parte del espíritu de los pueblos. Los pueblos que pusieran a un lado el arte, el pensamiento, la literatura y, en general, las actividades humanísticas, serian pueblos muertos, pueblos sin identidad y aquellos que se olviden de la importancia de la ciencia, quedarán rezagados, serán dependiente de los demás".

Escuché aquellas palabras y las grabé en mi memoria, para siempre, mientras mis ojos de niño descubrían nuevos significados en las formas, en los andadores, con sus árboles en armonía, en la piedra volcánica que estaba presente por todas partes, integrada en toda aquella magnificencia arquitectónica.

En mis ojos quedarían grabadas de manera imborrable las imágenes de muchos edificios, que, al paso del tiempo, podría identificar con precisión. Así, desfilaron ante mí, la impresionante Biblioteca Central con sus fabulosos muros de mosaicos, el edificio de la Rectoría, la inmensa explanada y sus "Islas", las Facultades, sus espacios interiores y los jardines.

Mi padre hablaba del gran esfuerzo que se había llevado a cabo para convertir en realidad un proyecto que había nacido a partir de una tesis profesional: "La Ciudad Universitaria". Nos contó que antes de la existencia de este magnífico lugar, la Universidad Nacional de México impartía las  cátedras en edificios repartidos en distintos puntos de la ciudad, siendo la zona del centro sede de muchos de ellos. Allí existió el barrio universitario, y las construcciones de San Ildefonso, el Palacio de Minería, el ex Palacio de la Inquisición, San Carlos y muchas más eran los sitios a los que acudían los alumnos a recibir el conocimiento.

La creación de un espacio integral que albergara la universidad nacional, se volvió un asunto imperativo, y la tesis mencionada sirvió como el primer disparador para que se pensara seriamente un impulsar tan ambicioso proyecto. Al paso del tiempo, con la participación de muchos universitarios entusiastas y no sin haber salvado infinidad de obstáculos, el gobierno concede los terrenos del Pedregal de San Ángel para asentar en ellos, sin limitaciones, las instalaciones de universidad.

Es esa zona agreste e inhóspita, paisaje de suyo singular, producto de la erupción del Xitle y otros volcanes, y cobijada siempre por el espíritu de la legendaria pareja de Popocatépetl e Iztaccíhuatl, presentes eternamente en el paisaje, al que sirve de escenario para impulsar la energía creadora de los arquitectos e ingenieros mexicanos que hicieron posible el esplendido conjunto, con todas sus excepcionales características.

Es importante aclarar que no es la UNAM, como institución, la que está considerada patrimonio cultural de la humanidad, sino el Campus Central de la Ciudad Universitaria, el Circuito Escolar, el que ha sido digno de tal registro, incluyendo el Estadio Olímpico (antes de 1968 Estadio Universitario).

El Circuito Escolar. Dentro de él se localizan actualmente: la Explanada Central, La Torre de Rectoría, La Biblioteca central, el Museo Universitario de Ciencias y Artes (MUCA), el Centro de Enseñanzas de Lenguas Extranjeras (CELE), las Torres I (Parte de la Facultad de Filosofía y Letras), y II de Humanidades, la Dirección General de Orientación y Servicios Educativos (DGOSE) y las Facultades de Ingeniería, Química, Arquitectura, Medicina, Odontología, Derecho, Economía, Filosofía y Letras y Psicología.

La Ciudad Universitaria en al actualidad comprende, fuera del campus central, muchas construcciones no menos importantes y valiosas ubicadas en otros circuitos.

Circuito Exterior. En él se concentra la mayoría de las instalaciones deportivas.

Circuito de investigación científica. Agrupa a la mayoría de los Institutos y Programas de investigación. También se encuentran instalaciones, facultades o ampliaciones que originalmente estaban en el circuito escolar.

Circuito Mario de la Cueva y C.C.U. En su mayor parte es una reserva ecológica. En su parte sur se encuentra el espacio escultórico y el paseo de las esculturas, donde solamente se puede acceder a pie. En éstos espacios se localizan varias obras de escultura monumental contemporánea. En al parte externa del circuito, entre éste y el circuito de Investigación Científica, se encuentra la terminal Universidad de la Línea 3 del Metro.

 

 Más allá de que el conjunto arquitectónico del campus central de CU, haya quedado inscrito en el registro de la UNESCO1, la UNAM es una institución de la que debemos estar plenamente orgullosos. Es la máxima casa de estudio de México, por mucho, sobre  otras universidades públicas y privadas. Ella posee el acervo de conocimientos más amplio de nuestro país, realiza de manera permanente programas de investigación y atiende la mayor población de alumnos en los niveles de educación media y superior.

Hoy, a pesar de los intentos arteros por desprestigiar a esta insigne y loable institución, la UNAM es más fuerte que nunca y no sólo eso: es por mucho la universidad más destacada de nuestro país y la número uno de Hispanoamérica. La UNAM está situada y reconocida dentro de las 100 mejores universidades del mundo, ocupando el lugar 68° (2007).

 

UNESCO (United Nations Educational, Scientific, and Cultural Organization)

Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura de las Naciones Unidas

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El Palacio de los Azulejos

Por Juan Cervera Sanchís - 22 de Febrero, 2012, 17:01, Categoría: Los encantos de mi Ciudad

                                                                          


Antonio Gómez R.
Qué tiempos aquellos
(Detalle)
Sin fecha
Óleo sobre tela 150 x 120 cm
Plaza Loreto

El Palacio de los Azulejos está situado en un lugar cargado de leyenda y de historia de la ciudad de México. El mismo callejón de la Condesa, que lo bordea, entre las calles de 5 de Mayo y Madero, es en sí legendario.

Se dice que en el citado callejón estuvieron varios días, con sus correspondientes noches, dos carruajes y sus cortejos, dado que la estrechura del mismo no les permitía pasar a ambos al mismo tiempo y ambos eran dos soberbios nobles de la época virreinal llenos de orgullo y ninguno estaba dispuesto a ser el segundo.

En cuanto a la Plaza de Guardiola, que juega con la esquina del Palacio, en punto con la calle de Madero, y que mira a la casa que fuera de Los Leones, estuvo una estatua de Morelos que mando  esculpir el Emperador Maximiliano en 1865. Dicha estatua  fue trasladada al jardín de la Santa Veracruz y más tarde sería instalada en la colonia Morelos.

La Plaza de Guardiola, tan pequeñita, nos recuerda que ahí, exactamente, le fueron entregadas las llaves de la ciudad a Don Agustín Iturbide.

La llamada Casa de los Leones desaparecería para convertirse en el edificio anexo del Banco de México, llamado de Guardiola, donde se encuentra el Museo de Criminología del Banco. Este museo sólo puede ser visitado por investigadores profesionales.

Como se puede apreciar, el entorno del Palacio de los Azulejos es por sí solo harto interesante. No se diga si nos decidiéramos a caminar por las calles -ayer- de Plateros y, hoy, Madero. Nada más pensarlo se nos vienen a la memoria los descriptivos versos de Manuel Gutiérrez Nájera a la duquesa del Duque Job, que tan precisamente nos sitúa en el lugar:

"Desde las puertas de la Sorpresa/ hasta la esquina del Jockey Club,/ no hay española, yanqui o francesa,/ ni más bonita ni más traviesa/ que la duquesa del Duque Job."

Sí, el Palacio de los Azulejos fue durante un tiempo la sede del célebre Jockey Club. Ello mucho antes de convertirse en El Sanborns de los Azulejos, tal como se le conoce hoy.

Respecto a su origen, el historiador Luis González Obregón le dedica unas sabrosas páginas donde nos ilustra sobre su antigüedad, "que se remonta hasta  el siglo XVI". El primero en habitar la mansión fue Don Luis de Vivero, segundo conde del Valle de Orizaba.

Cuentan los historiadores del pasado virreinal que la mansión o Palacio de los Azulejos fue obra de un hijo un tanto despilfarrador de los condes del Valle de Orizaba al que su padre lo recriminó por gastar sin ton ni son, diciéndole:

-"Hijo, tú nunca tendrás casa de azulejos."

Esto caló tanto al joven que lo espoleó a edificar el bello palacio que hoy todos admiramos.

Tal como a la vista está, el Palacio de los Azulejos es de estilo barroco revestido de artísticos azulejos chinos, de colores blanco, amarillo y azul. Es tan bello que nadie puede pasar frente al mismo sin verlo y admirarlo por la Avenida Madero. Llama poderosamente la atención y, de inmediato, invita a traspasar sus puertas para verlo por dentro.

Sin la menor duda, el Palacio  de los  Azules, es una de las muy peculiares maravillas de la siempre desconcertante y fascinante ciudad de México. El doctor Ernesto Sodi Pallares, padre de la bella y célebre Thalía, hombre que fuera muy sabio en diversas materias y admirador y conocedor de la historia de la ciudad, fue también un enamorado del Palacio de los Azulejos, por lo que escribió un colorido e ilustrativo capítulo dedicado a la mansión del hijo de los condes del Valle de Orizaba:

"La casa marcada con el número cuatro en la calle de Francisco Indalecio Madero, conocida como el Palacio de los Azulejos, es de una riqueza y de una gracia que difícilmente se puede encontrar en otro lugar."

Gran verdad sin objeción alguna. A su vez Manuel Toussaint se embelesa ante la hipnótica mansión y nos dejará escrito:

"Si bien el Palacio de los Azulejos en sí es un bello conjunto, el remate es magnífico: un nicho sobre la gran portada, otro en la esquina y un pretil de líneas onduladas guarnecido atrás por otro horizontal, con pináculos y vasos de silueta china trabajados también en cerámica."

Pasando al interior, no obstante las transformaciones que por las exigencias comerciales ha sufrido, la belleza permanece. El patio, por su influencia mudéjar y sus finas columnas, nos traslada a un pasado de ensoñación. Impresionante y majestuosa es la escalera que ahí podemos contemplar y que nos fascina con sus lambrequines de azulejos.

Hoy, sobre el descanso de la escalera, podemos admirar unos murales de José Clemente Orozco. Hay que agradecer al gran pintor que lograra armonizar sus murales con el resto de la arquitectura barroca. Tituló Orozco estas pinturas Omnisciencia.

Ya antes de la época revolucionaria, como hemos reseñado, fue residencia del muy exclusivo y excluyente Jockey Club. Tras los cambios que trajo la Revolución el Palacio de los Azulejos fue destinado a farmacia y a restaurante.

Se conservan fotografías de la visita al lugar de los soldados de Emiliano Zapata y Pancho Villa tomando café con pan dulce. Los revolucionarios probaban así unas migajas de las que entonces se suponían eran delicias burguesas.

En la señorial escalera, por cierto, fue asesinado uno de los condes del Valle de Orizaba por un enamorado de una de sus hijas. El asesino fue aprehendido y castigado por su crimen. Fue pues colgado en uno de los balcones del Palacio de los Azulejos  con un letrero que decía:

"Para ejemplo de locos  y criminales". Tétrico espectáculo.

Todo un mundo, lleno de historia y cargado de leyendas, el Palacio de los Azulejos y sus alrededores

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El Zócalo, una historia apasionante.

Por Juan Cervera Sanchís - 6 de Febrero, 2012, 17:20, Categoría: Los encantos de mi Ciudad

Si de El Zócalo hablamos, una de las mayores plazas del mundo, doscientos cuarenta metros de norte a sur y de oriente a poniente, se vale afirmar que estamos hablando de una historia apasionante.

El Zócalo sigue siendo, en la ciudad de México, un lugar sin parangón. Es ese espacio, único y entrañable, síntesis vital de la historia del país.

Si nos remontamos al tiempo prehispánico hay que recordar que formó parte del templo mayor, centro religioso y político de México-Tenochtitlan.

Sí, el Gran Teocalli, donde se realizaban los sacrificios humanos entre los meshicas.

Durante el virreinato, la Plaza Mayor, como entonces se le llamaba, se convirtió en el centro político de los novohispanos. También fue llamada Plaza Principal, Plaza de Palacio y Plaza de Armas.

A partir de 1813, dado que ahí se juró la Constitución Política de la Monarquía Española, promulgada en Cádiz el 19 de marzo de 1812, se le llamó, hasta hoy, oficialmente, Plaza de la Constitución.

El pueblo empezó a llamarla Zócalo a partir de que Santa Anna mandó construir un basamento o zócalo con el propósito de levantar un gran monumento, para conmemorar la independencia, que nunca se construyó. Dicho zócalo estuvo ahí desde 1843 a 1920. No obstante, el nombre popular de El Zócalo, es el que permanece. Nadie dice "vamos a la Plaza de la Constitución". Se dice "vamos o venimos del Zócalo".

Hoy como ayer El Zócalo es en sí una plaza impresionante. Allá por el año de 1554, Francisco Cervantes de Salazar, en el primer texto, que podríamos llamar guía turística de la ciudad de México, describe así la Plaza Mayor por boca de Zuazo, quien responde a Alfaro, viajero admirado de las proporciones de la plaza:

"Hizose así tan amplia para que no sea preciso llevar a vender nada a otra parte". Y añade: "Aquí se celebran las ferias o mercados, se hacen las almonedas, y se encuentra toda clase de mercancías"

Desde los primeros días del virreinato la plaza tuvo como accesoria la del Empedradillo, hoy Monte de Piedad, llamada así por haber sido la primera calle que fue empedrada en la ciudad. Ahí se instalaron en varias ocasiones plazas de toros, costumbre que duro hasta 1822.

La plaza estaba circundada por La Catedral, El Palacio Nacional, las Casas del Cabildo, el Portal de las Flores, el Portal de Mercaderes... Por cierto que en frente del Portal de las Flores y las Casas del Cabildo o la Diputación, pasaba una acequia que fue vía de activo comercio, conducido por embarcaciones. Como entre los artículos que ahí se comerciaban las flores ocupaban un lugar prominente, estas dieron nombre a uno de los portales.

El Zócalo sigue siendo escenario de desfiles militares y deportivos, actos cívicos y toda clase de manifestaciones. Año con año la noche del 15 de septiembre se conmemora ahí el Grito de Dolores o, simplemente "el Grito" como lo llaman la gente. Recuerdo de la proclamación de la independencia por Miguel Hidalgo y Costilla, que dio principio en 1810 a la Revolución de Independencia de México.

El Presidente de la República aparece en el balcón central del Palacio Nacional a las 23 horas, tañe la campana y da el ya clásico grito que el pueblo que abarrota la plaza corea entre vivas a México.

Sin lugar a dudas la Plaza de la Constitución es en verdad una de las más hermosas del mundo, dada la incuestionable belleza de los edificios que la circundan, donde predomina el estilo barroco.

Destaca la fachada del Sagrario Metropolitano, al oriente de la Catedral, considerada "una de las mejores expresiones del barroco mexicano."

En el lado oriente de la plaza ocupa la mayor parte de la manzana el Palacio Nacional, entre la calle Moneda por el norte, la de Corregidora por el sur y la calle de Correo Mayor por el oriente.

Este gran edificio se levanta en el terreno que ocupaban en la época prehispánica las llamadas Casas Nuevas de Moctezuma II, quien gobernaba a la llegada de los españoles. En la construcción del Palacio Nacional se aprovecharon los materiales de aquellas casas.

Su primer propietario fue Hernán Cortés por donación que le hizo el Rey de España en Cédula de 27 de julio de 1529. Fue una de las primeras construcciones que se levantaron con el trabajo de los naturales, quienes tras la caída de Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521, fueron convertidos en mano de obra obligatoria.

En 1562 el rey de España compró el palacio a don Martín Cortés, hijo de don Hernando, y lo destinó a palacio de sus virreyes, quienes habían venido habitando en otro palacio también propiedad del conquistador. Edificio que todavía existe en parte con el nombre de Monte de Piedad.

El gobierno virreinal se mudó al Palacio Nacional el 19 de agosto de 1562, en los tiempos del virrey don Luis de Velasco, el primero de ese nombre. De los 63 virreyes que gobernaron la Nueva España, únicamente dos no habitaron en el palacio: don Antonio de Mendoza y don Juan de O´Donojú. La Plaza Mayor siempre fue imán y catapulta del devenir político y comercial de la ciudad y del país.

Ahí estuvo El Parián, el primer supermercado, se puede decir, que hubo en la Nueva España.

El Parián inició sus actividades el año de 1696. Fue construido a iniciativa del gremio de los chinos o filipinos. Ahí se vendían los productos que llegaban a México en la célebre Nao de China.

El nombre se lo pusieron inspirado en el célebre mercado llamado así que había en Manila, la capital de las Filipinas. En 1828 fue asaltado por el pueblo hambriento e incendiado. En 1843 Santa Anna ordenó su destrucción. Era un largo edificio de dos pisos, el primer piso estaba destinado a las ventas y el segundo a almacenes.

El Zócalo ha sido y continúa siendo el máximo escenario de los acontecimientos más trascendentales de la vida política del país y, de seguro, que lo seguirá siendo. Para finalizar nuestra breve reseña queremos recordar unos versos de autor anónimo que cantan al Zócalo con patriótica emoción y que llevan por título: "Zócalo". Dicen así:

"Quinientos años son ya/ que noche y día estás ahí/ y ahí seguirás estando/ sin duda dentro de mil. No sería México, ¡México!,/ si no te tuviera a ti y en ti se manifestara/ con libertario sentir. Tú eres historia vibrante/ y eres eterno fluir, pues cuando decimos ¡Zócalo!/ patria queremos decir. En ti está nuestro pasado,/ que es presente y porvenir de nuestra mezcla de sangres/ de honda y sentida raíz. Palacio y catedral y eres/ con corazón de maíz en donde México en pleno / cabe entero y por qué sí. Zócalo donde yo niño / viví aquel grito sin fin que marcó toda mi vida / de vivo amor hacia ti. ¡Viva México! es el grito / que da luz a mi vivir cuando en el Zócalo siento / que me lleno de país".

Sí, así es la Plaza Mayor, la Plaza Principal, la Plaza de Palacio, la Plaza de Armas, la Plaza de la Constitución... El Zócalo nuestro, tan de cada día y de cada noche, y honda y altamente entrañable del pueblo, que lo siente tan suyo, como bien expresa el poeta anónimo en sus sentidos versos.

                                        

                                                             VISITA:

                                                     Proyecto Cultura Chobojos - Vida sin fin 

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Convento de Santo Domingo

Por Alonso Marroquín Ibarra - 17 de Febrero, 2009, 5:00, Categoría: Los encantos de mi Ciudad



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