Febrero del 2012

Estadísticas 2011

Por María Cristina Posada Vargas - 23 de Febrero, 2012, 0:43, Categoría: General

Continuando con la tradición de hacer partícipes a nuestros lectores de los logros alcanzados por el Mundo Cultural Chobojos, les damos a conocer las "aburridas y tortuosas estadísticas". Nuevamente hemos convertido los números que arroja el registro electrónico de páginas vistas de nuestro proveedor zoomblog.com en gráficas.

La primera gráfica nos muestra, mes a mes del 2011, el conjunto total de los Blogs, donde cada sección de color en las barras compuestas representa cada uno de los sitios y su proporción con el total; la segunda, la gráfica de pay o queso muestra la composición, con las cifras anuales de las páginas vistas, y el porcentaje de aportación de cada Blog; la tercera y última sólo representa los Blogs asociados con sus cifras anualizadas.


No nos queda más que agradecerles por seguirnos y por hacernos más fuertes; como dijo el Chobojo Master y dijo bien: "para todos nosotros, es un aliciente formidable saber que la cultura, esas ideas sin fronteras, son semillas que engendran más semillas y que todas dan fruto".


Seguiremos cometiendo poesía, crítica, cuento, tradiciones, música, dibujo, pintura, haciendo a un lado las edades, los credos y la censura… Seguiremos atreviéndonos, siendo medio locos o locos completos, irreverentes, tradicionales, extravagantes o vanguardistas.


Chobojos sean.




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El Palacio de los Azulejos

Por Juan Cervera Sanchís - 22 de Febrero, 2012, 17:01, Categoría: Los encantos de mi Ciudad

                                                                          


Antonio Gómez R.
Qué tiempos aquellos
(Detalle)
Sin fecha
Óleo sobre tela 150 x 120 cm
Plaza Loreto

El Palacio de los Azulejos está situado en un lugar cargado de leyenda y de historia de la ciudad de México. El mismo callejón de la Condesa, que lo bordea, entre las calles de 5 de Mayo y Madero, es en sí legendario.

Se dice que en el citado callejón estuvieron varios días, con sus correspondientes noches, dos carruajes y sus cortejos, dado que la estrechura del mismo no les permitía pasar a ambos al mismo tiempo y ambos eran dos soberbios nobles de la época virreinal llenos de orgullo y ninguno estaba dispuesto a ser el segundo.

En cuanto a la Plaza de Guardiola, que juega con la esquina del Palacio, en punto con la calle de Madero, y que mira a la casa que fuera de Los Leones, estuvo una estatua de Morelos que mando  esculpir el Emperador Maximiliano en 1865. Dicha estatua  fue trasladada al jardín de la Santa Veracruz y más tarde sería instalada en la colonia Morelos.

La Plaza de Guardiola, tan pequeñita, nos recuerda que ahí, exactamente, le fueron entregadas las llaves de la ciudad a Don Agustín Iturbide.

La llamada Casa de los Leones desaparecería para convertirse en el edificio anexo del Banco de México, llamado de Guardiola, donde se encuentra el Museo de Criminología del Banco. Este museo sólo puede ser visitado por investigadores profesionales.

Como se puede apreciar, el entorno del Palacio de los Azulejos es por sí solo harto interesante. No se diga si nos decidiéramos a caminar por las calles -ayer- de Plateros y, hoy, Madero. Nada más pensarlo se nos vienen a la memoria los descriptivos versos de Manuel Gutiérrez Nájera a la duquesa del Duque Job, que tan precisamente nos sitúa en el lugar:

"Desde las puertas de la Sorpresa/ hasta la esquina del Jockey Club,/ no hay española, yanqui o francesa,/ ni más bonita ni más traviesa/ que la duquesa del Duque Job."

Sí, el Palacio de los Azulejos fue durante un tiempo la sede del célebre Jockey Club. Ello mucho antes de convertirse en El Sanborns de los Azulejos, tal como se le conoce hoy.

Respecto a su origen, el historiador Luis González Obregón le dedica unas sabrosas páginas donde nos ilustra sobre su antigüedad, "que se remonta hasta  el siglo XVI". El primero en habitar la mansión fue Don Luis de Vivero, segundo conde del Valle de Orizaba.

Cuentan los historiadores del pasado virreinal que la mansión o Palacio de los Azulejos fue obra de un hijo un tanto despilfarrador de los condes del Valle de Orizaba al que su padre lo recriminó por gastar sin ton ni son, diciéndole:

-"Hijo, tú nunca tendrás casa de azulejos."

Esto caló tanto al joven que lo espoleó a edificar el bello palacio que hoy todos admiramos.

Tal como a la vista está, el Palacio de los Azulejos es de estilo barroco revestido de artísticos azulejos chinos, de colores blanco, amarillo y azul. Es tan bello que nadie puede pasar frente al mismo sin verlo y admirarlo por la Avenida Madero. Llama poderosamente la atención y, de inmediato, invita a traspasar sus puertas para verlo por dentro.

Sin la menor duda, el Palacio  de los  Azules, es una de las muy peculiares maravillas de la siempre desconcertante y fascinante ciudad de México. El doctor Ernesto Sodi Pallares, padre de la bella y célebre Thalía, hombre que fuera muy sabio en diversas materias y admirador y conocedor de la historia de la ciudad, fue también un enamorado del Palacio de los Azulejos, por lo que escribió un colorido e ilustrativo capítulo dedicado a la mansión del hijo de los condes del Valle de Orizaba:

"La casa marcada con el número cuatro en la calle de Francisco Indalecio Madero, conocida como el Palacio de los Azulejos, es de una riqueza y de una gracia que difícilmente se puede encontrar en otro lugar."

Gran verdad sin objeción alguna. A su vez Manuel Toussaint se embelesa ante la hipnótica mansión y nos dejará escrito:

"Si bien el Palacio de los Azulejos en sí es un bello conjunto, el remate es magnífico: un nicho sobre la gran portada, otro en la esquina y un pretil de líneas onduladas guarnecido atrás por otro horizontal, con pináculos y vasos de silueta china trabajados también en cerámica."

Pasando al interior, no obstante las transformaciones que por las exigencias comerciales ha sufrido, la belleza permanece. El patio, por su influencia mudéjar y sus finas columnas, nos traslada a un pasado de ensoñación. Impresionante y majestuosa es la escalera que ahí podemos contemplar y que nos fascina con sus lambrequines de azulejos.

Hoy, sobre el descanso de la escalera, podemos admirar unos murales de José Clemente Orozco. Hay que agradecer al gran pintor que lograra armonizar sus murales con el resto de la arquitectura barroca. Tituló Orozco estas pinturas Omnisciencia.

Ya antes de la época revolucionaria, como hemos reseñado, fue residencia del muy exclusivo y excluyente Jockey Club. Tras los cambios que trajo la Revolución el Palacio de los Azulejos fue destinado a farmacia y a restaurante.

Se conservan fotografías de la visita al lugar de los soldados de Emiliano Zapata y Pancho Villa tomando café con pan dulce. Los revolucionarios probaban así unas migajas de las que entonces se suponían eran delicias burguesas.

En la señorial escalera, por cierto, fue asesinado uno de los condes del Valle de Orizaba por un enamorado de una de sus hijas. El asesino fue aprehendido y castigado por su crimen. Fue pues colgado en uno de los balcones del Palacio de los Azulejos  con un letrero que decía:

"Para ejemplo de locos  y criminales". Tétrico espectáculo.

Todo un mundo, lleno de historia y cargado de leyendas, el Palacio de los Azulejos y sus alrededores

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El Zócalo, una historia apasionante.

Por Juan Cervera Sanchís - 6 de Febrero, 2012, 17:20, Categoría: Los encantos de mi Ciudad

Si de El Zócalo hablamos, una de las mayores plazas del mundo, doscientos cuarenta metros de norte a sur y de oriente a poniente, se vale afirmar que estamos hablando de una historia apasionante.

El Zócalo sigue siendo, en la ciudad de México, un lugar sin parangón. Es ese espacio, único y entrañable, síntesis vital de la historia del país.

Si nos remontamos al tiempo prehispánico hay que recordar que formó parte del templo mayor, centro religioso y político de México-Tenochtitlan.

Sí, el Gran Teocalli, donde se realizaban los sacrificios humanos entre los meshicas.

Durante el virreinato, la Plaza Mayor, como entonces se le llamaba, se convirtió en el centro político de los novohispanos. También fue llamada Plaza Principal, Plaza de Palacio y Plaza de Armas.

A partir de 1813, dado que ahí se juró la Constitución Política de la Monarquía Española, promulgada en Cádiz el 19 de marzo de 1812, se le llamó, hasta hoy, oficialmente, Plaza de la Constitución.

El pueblo empezó a llamarla Zócalo a partir de que Santa Anna mandó construir un basamento o zócalo con el propósito de levantar un gran monumento, para conmemorar la independencia, que nunca se construyó. Dicho zócalo estuvo ahí desde 1843 a 1920. No obstante, el nombre popular de El Zócalo, es el que permanece. Nadie dice "vamos a la Plaza de la Constitución". Se dice "vamos o venimos del Zócalo".

Hoy como ayer El Zócalo es en sí una plaza impresionante. Allá por el año de 1554, Francisco Cervantes de Salazar, en el primer texto, que podríamos llamar guía turística de la ciudad de México, describe así la Plaza Mayor por boca de Zuazo, quien responde a Alfaro, viajero admirado de las proporciones de la plaza:

"Hizose así tan amplia para que no sea preciso llevar a vender nada a otra parte". Y añade: "Aquí se celebran las ferias o mercados, se hacen las almonedas, y se encuentra toda clase de mercancías"

Desde los primeros días del virreinato la plaza tuvo como accesoria la del Empedradillo, hoy Monte de Piedad, llamada así por haber sido la primera calle que fue empedrada en la ciudad. Ahí se instalaron en varias ocasiones plazas de toros, costumbre que duro hasta 1822.

La plaza estaba circundada por La Catedral, El Palacio Nacional, las Casas del Cabildo, el Portal de las Flores, el Portal de Mercaderes... Por cierto que en frente del Portal de las Flores y las Casas del Cabildo o la Diputación, pasaba una acequia que fue vía de activo comercio, conducido por embarcaciones. Como entre los artículos que ahí se comerciaban las flores ocupaban un lugar prominente, estas dieron nombre a uno de los portales.

El Zócalo sigue siendo escenario de desfiles militares y deportivos, actos cívicos y toda clase de manifestaciones. Año con año la noche del 15 de septiembre se conmemora ahí el Grito de Dolores o, simplemente "el Grito" como lo llaman la gente. Recuerdo de la proclamación de la independencia por Miguel Hidalgo y Costilla, que dio principio en 1810 a la Revolución de Independencia de México.

El Presidente de la República aparece en el balcón central del Palacio Nacional a las 23 horas, tañe la campana y da el ya clásico grito que el pueblo que abarrota la plaza corea entre vivas a México.

Sin lugar a dudas la Plaza de la Constitución es en verdad una de las más hermosas del mundo, dada la incuestionable belleza de los edificios que la circundan, donde predomina el estilo barroco.

Destaca la fachada del Sagrario Metropolitano, al oriente de la Catedral, considerada "una de las mejores expresiones del barroco mexicano."

En el lado oriente de la plaza ocupa la mayor parte de la manzana el Palacio Nacional, entre la calle Moneda por el norte, la de Corregidora por el sur y la calle de Correo Mayor por el oriente.

Este gran edificio se levanta en el terreno que ocupaban en la época prehispánica las llamadas Casas Nuevas de Moctezuma II, quien gobernaba a la llegada de los españoles. En la construcción del Palacio Nacional se aprovecharon los materiales de aquellas casas.

Su primer propietario fue Hernán Cortés por donación que le hizo el Rey de España en Cédula de 27 de julio de 1529. Fue una de las primeras construcciones que se levantaron con el trabajo de los naturales, quienes tras la caída de Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521, fueron convertidos en mano de obra obligatoria.

En 1562 el rey de España compró el palacio a don Martín Cortés, hijo de don Hernando, y lo destinó a palacio de sus virreyes, quienes habían venido habitando en otro palacio también propiedad del conquistador. Edificio que todavía existe en parte con el nombre de Monte de Piedad.

El gobierno virreinal se mudó al Palacio Nacional el 19 de agosto de 1562, en los tiempos del virrey don Luis de Velasco, el primero de ese nombre. De los 63 virreyes que gobernaron la Nueva España, únicamente dos no habitaron en el palacio: don Antonio de Mendoza y don Juan de O´Donojú. La Plaza Mayor siempre fue imán y catapulta del devenir político y comercial de la ciudad y del país.

Ahí estuvo El Parián, el primer supermercado, se puede decir, que hubo en la Nueva España.

El Parián inició sus actividades el año de 1696. Fue construido a iniciativa del gremio de los chinos o filipinos. Ahí se vendían los productos que llegaban a México en la célebre Nao de China.

El nombre se lo pusieron inspirado en el célebre mercado llamado así que había en Manila, la capital de las Filipinas. En 1828 fue asaltado por el pueblo hambriento e incendiado. En 1843 Santa Anna ordenó su destrucción. Era un largo edificio de dos pisos, el primer piso estaba destinado a las ventas y el segundo a almacenes.

El Zócalo ha sido y continúa siendo el máximo escenario de los acontecimientos más trascendentales de la vida política del país y, de seguro, que lo seguirá siendo. Para finalizar nuestra breve reseña queremos recordar unos versos de autor anónimo que cantan al Zócalo con patriótica emoción y que llevan por título: "Zócalo". Dicen así:

"Quinientos años son ya/ que noche y día estás ahí/ y ahí seguirás estando/ sin duda dentro de mil. No sería México, ¡México!,/ si no te tuviera a ti y en ti se manifestara/ con libertario sentir. Tú eres historia vibrante/ y eres eterno fluir, pues cuando decimos ¡Zócalo!/ patria queremos decir. En ti está nuestro pasado,/ que es presente y porvenir de nuestra mezcla de sangres/ de honda y sentida raíz. Palacio y catedral y eres/ con corazón de maíz en donde México en pleno / cabe entero y por qué sí. Zócalo donde yo niño / viví aquel grito sin fin que marcó toda mi vida / de vivo amor hacia ti. ¡Viva México! es el grito / que da luz a mi vivir cuando en el Zócalo siento / que me lleno de país".

Sí, así es la Plaza Mayor, la Plaza Principal, la Plaza de Palacio, la Plaza de Armas, la Plaza de la Constitución... El Zócalo nuestro, tan de cada día y de cada noche, y honda y altamente entrañable del pueblo, que lo siente tan suyo, como bien expresa el poeta anónimo en sus sentidos versos.

                                        

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