Por Alonso Marroquín Ibarra
En ti,
cuando no hay barreras,
está el
manto de mi esperanza,
la mañana
clara
donde mi
sueños arraigan.
Por ti
tengo ganas de vivir
con otra
intensidad,
y puedes
descubrir el resto
de mis
fuerzas ignoradas,
para crecer
mucho más,
dándote la
claridad de mi alma.
En un
rincón cercano,
visítalo
otra vez,
está lo
bueno que te he dado
las
palabras del corazón ardiente,
los deseos
eternos del “te amo”,
mis ideas
de mil mundos
y anécdotas
de casos extraños.
En un rincón
cercano,
visítalo
otra vez,
se
encuentra esperando un niño
que
necesita tus brazos maternales,
está un
hombre entero para ti
de ojos
muchas veces tristes
que brillan
cuando eres amable.
En un
rincón cercano,
tan cercano
como un abrazo,
como un
beso sentido y profundo,
como las
palabras fuera de lo cotidiano,
como oír
una pequeña queja
o compartir
algo amargo,
estoy yo
para ti, completo,
amable,
paciente, sencillo, humano.
En un
rincón cercano,
estoy, en
gerundios:
para ti
esperando,
por ti
llorando,
en ti
amando
jueves 21 de noviembre
1996