Entre los grandes maestros de la música popular en México, Gonzalo
Curiel Barba, hijo de Juan Nepomuceno Curiel y María de Jesús Barba, es un
adelantado, musicalmente hablando, de su tiempo, al que, sin duda, se anticipó
con cada una de sus geniales obras, como podemos constatar en sus maravillosas
armonías y en cada uno de los tonos, y los empleó todos con talento magistral,
presentes en sus admirables composiciones.
Gonzalo Curiel, nacido el 10 de enero de 1904 en Guadalajara y muerto
el 4 de julio de 1958, a los 54
años de edad y en plenitud creadora, en la Ciudad de México, fue además, como consta en las letras de sus canciones, ya
que la mayoría de esas letras fueron de su autoría, un sentido y estremecido
poeta, lo que, al parecer, se ha pasado por alto.
Nosotros, aquí y ahora, queremos resaltarlo, junto con la
multiplicidad de sus muchos otros talentos.
En verdad, Gonzalo Curiel, fue un artista esencial, cuyo impulso vital
y fuerza creadora, continúan latiendo, con permanencia indeleble, en su emotivo
y bello legado musical.
Podemos afirmar, en nombre del arte y de la vida, que Gonzalo Curiel
está vivo, aunque su vida fue una despedida, en sus sentidas y poéticas
composiciones.
Sí, Curiel, da la sensación de que en todo momento está diciendo adiós
a la vida y al amor.
Fue un artista del amor y de la vida y, en cada una de sus canciones,
lo está testimoniando:
"Jamás, jamás / habré de volver". Curiel vivió y compuso sus
poemas-canciones entre desgarrados adioses y anhelos de vuelta, y así lo
subraya en "Vereda tropical”:
"¿Por qué se fue!, / tú la dejaste ir, vereda tropical, / hazla
volver a mí, / quiero besar su boca otra vez junto al mar".
Náufrago de sus emociones, Gonzalo Curiel, alguna vez, en mitad de sus
continuas y constantes desventuras y aventuras amorosas, probó y saboreó la
miel de la dicha, y, en "Son tus ojos verde mar", lo celebra en flor
y luz de canto:
"Naufragué en el verde mar / luminoso de tus ojos / pero al fin
pude alcanzar / la playa ardiente de tus labios rojos".
Toda una fiesta del alma y la carne, heridas, de Gonzalo Curiel, el
artista, a quien, las más de las veces, el amor le jugó con cartas marcadas y
dolientes traiciones, que hicieron añicos sus más altos ideales. Veamos, es
decir, cantemos con él:
"!Ay!, eres mala y traicionera / tienes corazón de piedra /
porque sabes que me muero / y me dejas que me muera".
El poeta, sollozante y malherido de amor, que vivía, sentía y cantaba,
a toda vida y a todo dolor, en el corazón de Gonzalo Curiel, se expresa en esas
letras que tan desgarrada y emotivamente lo retratan como al hombre y al
artista que fue entre temores y desesperanzas:
"Temor de ser feliz a tu lado / miedo de acostumbrarme a tu
calor". Versos que lo perfilan y lo desnudan. Versos:
"¡Cuánta desesperanza! / ¡Qué vacío tan profundo! / Repicar de
campanas / en mi tarde mortal".
Y así, Gonzalo Curiel, confiesa: "Incertidumbre es el dolor de
amar / incertidumbre es el dolor de amor".
Metáforas amargas, desconsuelo sinfín: "Voy buscando una huella
de amor / persiguiendo un perfume de flor / Era mujer y mintió / igual que
todas las mujeres... / me dejó. / ¡Qué amargura, Señor!"
Aunque pese a ello, Gonzalo Curiel, nunca perdió la esperanza en el
amor ni en la mujer y, mucho menos, en la música y en el verso, y es por eso
que afirma:
“... aquel romance se volvió canción".
Es lo espléndido y magnánimo de los amores rotos y de las traiciones:
se vuelven acordes y melodías y se transforman en versos y estrofas, pues al
fin de cuentas cantar es llorar y llorar es cantar y Curiel apuesta sin
lágrimas por la despedida:
"Sin lágrimas será la despedida / sin lágrimas nos diremos
adiós".
La vida en sí es una sucesión de adioses y Gonzalo Curiel, soñador
sublime, lo sabía, lo vivía y lo dejó impreso en sus hermosas y profundas
canciones:
"Soy un soñador que persigue / una inútil promesa / soy forjador
de ilusiones / de rara belleza".
Fue pues, Gonzalo Curiel, un enamorado del arte y la belleza, y es lo que
se transpira y se sigue transpirando en sus composiciones, como advertimos, en
"Luna amiga":
"Ya se va la tarde / ya se muere el sol / ya se fue la vida / de
mi corazón".
Su primer éxito fue "He querido olvidarte", canción que
interpretó el Doctor Alfonso Ortiz Tirado; continuó con "Dime",
estrenada por José Mojica en el Teatro Abreu de la Ciudad de México. En 1936 compuso "Vereda Tropical" canción
intemporal, pues ayer como hoy y, sin duda mañana, seguirá cautivando a todos
cuantos por primera vez la escuchen. Esta canción, por cierto, se interpreta
también en versión alemana, inglesa, francesa e italiana.
No hay que olvidar que Gonzalo Curiel incursionó en 1948 en el orbe de
la música clásica, fruto de ello es su Concierto para piano número 1 en Db,
estrenado en un programa estelar de la XEW, radiodifusora en la que
debutó su autor como pianista, al frente de su propia orquesta, "El
Escuadrón del Ritmo", a los 26 años de edad.
Gonzalo Curiel fue cofundador de la Sociedad de Autores y Compositores de México, sociedad que dirigió en dos
ocasiones.
Es autor
de tres conciertos para piano y orquesta, de más de 150 canciones, de la música
de más de 140 películas, entre ellas ocho estadounidenses y tres francesas.