Octubre del 2008

Gonzalo Curiel

Por Juan Cervera Sanchís - 29 de Octubre, 2008, 22:00, Categoría: Artículos

Por Juan Cervera Sanchís

 

Entre los grandes maestros de la música popular en México, Gonzalo Curiel Barba, hijo de Juan Nepomuceno Curiel y María de Jesús Barba, es un adelantado, musicalmente hablando, de su tiempo, al que, sin duda, se anticipó con cada una de sus geniales obras, como podemos constatar en sus maravillosas armonías y en cada uno de los tonos, y los empleó todos con talento magistral, presentes en sus admirables composiciones.

Gonzalo Curiel, nacido el 10 de enero de 1904 en Guadalajara y muerto el 4 de julio de 1958, a los 54 años de edad y en plenitud creadora, en la Ciudad de México, fue además, como consta en las letras de sus canciones, ya que la mayo­ría de esas letras fueron de su autoría, un sentido y estremecido poeta, lo que, al parecer, se ha pasado por alto.

Nosotros, aquí y ahora, queremos resaltarlo, junto con la multiplicidad de sus muchos otros talentos.

En verdad, Gonzalo Curiel, fue un artista esencial, cuyo impulso vital y fuerza creadora, continúan latiendo, con permanencia indeleble, en su emotivo y bello legado musical.

Podemos afirmar, en nombre del arte y de la vida, que Gonzalo Curiel está vivo, aunque su vida fue una despedida, en sus sentidas y poéticas composiciones.

Sí, Curiel, da la sensación de que en todo momento está diciendo adiós a la vida y al amor.

Fue un artista del amor y de la vida y, en cada una de sus canciones, lo está testimoniando:

"Jamás, jamás / habré de volver". Curiel vivió y compuso sus poemas-canciones entre desgarrados adioses y anhelos de vuelta, y así lo subraya en "Vereda tropical”:

"¿Por qué se fue!, / tú la dejaste ir, vereda tropical, / hazla volver a mí, / quiero besar su boca otra vez junto al mar".

Náufrago de sus emociones, Gonzalo Curiel, alguna vez, en mitad de sus continuas y constantes desventuras y aventuras amorosas, probó y saboreó la miel de la dicha, y, en "Son tus ojos verde mar", lo celebra en flor y luz de canto:

"Naufragué en el verde mar / luminoso de tus ojos / pero al fin pude alcanzar / la playa ardiente de tus labios rojos".

Toda una fiesta del alma y la carne, heridas, de Gonzalo Curiel, el artista, a quien, las más de las veces, el amor le jugó con cartas marcadas y dolientes traiciones, que hicieron añicos sus más altos ideales. Veamos, es decir, cantemos con él:

"!Ay!, eres mala y traicionera / tienes corazón de piedra / porque sabes que me muero / y me dejas que me muera".

El poeta, sollozante y malherido de amor, que vivía, sentía y cantaba, a toda vida y a todo dolor, en el corazón de Gonzalo Curiel, se expresa en esas letras que tan desgarrada y emotivamente lo retratan como al hombre y al artista que fue entre temores y desesperanzas:

"Temor de ser feliz a tu lado / miedo de acostumbrarme a tu calor". Versos que lo perfilan y lo desnudan. Versos:

"¡Cuánta desesperanza! / ¡Qué vacío tan profundo! / Repicar de campanas / en mi tarde mortal".

Y así, Gonzalo Curiel, confiesa: "Incertidumbre es el dolor de amar / incertidumbre es el dolor de amor".

Metáforas amargas, desconsuelo sinfín: "Voy buscando una huella de amor / persiguiendo un perfume de flor / Era mujer y mintió / igual que todas las mujeres... / me dejó. / ¡Qué amargura, Señor!"

Aunque pese a ello, Gonzalo Curiel, nunca perdió la esperanza en el amor ni en la mujer y, mucho menos, en la música y en el verso, y es por eso que afirma:

“... aquel romance se volvió canción".

Es lo espléndido y magnánimo de los amores rotos y de las traiciones: se vuelven acordes y melodías y se transforman en versos y estrofas, pues al fin de cuentas cantar es llorar y llorar es cantar y Curiel apuesta sin lágrimas por la despedida:

"Sin lágrimas será la despedida / sin lágrimas nos diremos adiós".

La vida en sí es una sucesión de adioses y Gonzalo Curiel, soñador sublime, lo sabía, lo vivía y lo dejó impreso en sus hermosas y profundas canciones:

"Soy un soñador que persigue / una inútil promesa / soy forjador de ilusiones / de rara belleza".

Fue pues, Gonzalo Curiel, un enamorado del arte y la belleza, y es lo que se transpira y se sigue transpirando en sus composiciones, como advertimos, en "Luna amiga":

"Ya se va la tarde / ya se muere el sol / ya se fue la vida / de mi corazón".

Su primer éxito fue "He querido olvidarte", canción que interpretó el Doctor Alfonso Ortiz Tirado; continuó con "Dime", estrenada por José Mojica en el Teatro Abreu de la Ciudad de México. En 1936 compuso "Vereda Tropical" canción intemporal, pues ayer como hoy y, sin duda mañana, seguirá cautivando a todos cuantos por primera vez la escuchen. Esta canción, por cierto, se interpreta también en versión alemana, inglesa, francesa e italiana.

No hay que olvidar que Gonzalo Curiel incursionó en 1948 en el orbe de la música clásica, fruto de ello es su Concierto para piano número 1 en Db, estrenado en un programa estelar de la XEW, radiodifusora en la que debutó su autor como pianista, al frente de su propia orquesta, "El Escuadrón del Ritmo", a los 26 años de edad.

Gonzalo Curiel fue cofundador de la Sociedad de Autores y Compositores de México, sociedad que dirigió en dos ocasiones.

Es autor de tres conciertos para piano y orquesta, de más de 150 canciones, de la música de más de 140 películas, entre ellas ocho estadounidenses y tres francesas.

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