Por Herpes Trismegisto
Entonces, me pregunta: ¿Y cómo ves el mundo?
Le contesto: Como un mundo calabaza. No hay otra forma de verlo. Todo está descompuesto. No hay lugar a donde voltees y no veas porquería. La sociedad está podrida, si no, mira hacia arriba y luego hacia abajo. Arriba, ¿quiénes están? Están los ricos, los políticos, los que se llaman hombres de empresa, los que se persignan a diario y lo mismo venden drogas que corrompen menores o los usan para sus perversiones sexuales. Están los cuates de trajecitos muy fain, usando corbatas chillonas, esas de rechíngame la retina, siempre a la moda, de telas chidas; esos que se meten a los restoranes donde cada cuenta que pagan le daría de comer a una familia pobre por un buen de tiempo. Ellos se gastan el billete así porque no les cuesta ganarlo; si tuvieran que trabajarlo como la raza, neta que ni tendrían tanto, ni lo tirarían de ese modo. Arriba también están esos que se dicen comunicadores que más bien son incomunicadores o descomunicadores, ¿me entiendes? Nunca dicen la neta: o la ocultan o la cambian a su conveniencia y antojo… Los descomunicadores atrofian cerebros, los condicionan… Y eso en el mejor de los casos. Ya ves que con la televisión hacen que pienses como ellos quieren, que consumas lo que ellos quieren, que hables y te vistas como ellos te lo ordenan… porque te lo están ordenando, aunque no te des cuenta.
El chavo que me está entrevistando se queda como ido cuando me callo. Luego reacciona: ¿Entonces tú crees que arriba todo está echado a perder?
¡Chale!, ¿a poco tú no lo crees? ¿O no te das cuenta? Pero ya te dije que lo mismo es arriba que abajo, así como dice uno de los grandes principios herméticos: "como es arriba es abajo". Mira, le digo... Vamos viendo. Si hay un cuate que le paga a las putas es porque hay mujeres que están dispuestas a ser compradas, ¿no?; por necesidad o por lo que tu quieras, pero las hay. A los que venden droga les vale madres que los que las consuman se mueran; lo único que les importa es el billullo y saben que siempre habrá más consumidores, y si faltan, pos ellos los inducen. Pero también el que consume la droga está podrido, de entrada no se quiere y está dispuesto a sacrificar su salud, su familia, su entorno, incluso su libertad si lo agarran los de la poli, !los hijastros de luzbel! Abajo están los derrotados, los que no aspiran a nada, los que no sueñan, los que en lugar de luchar y seguir adelante, se echan como si fueran leones a ver el fútbol con sus cheves bien helodias, mientras la vieja les cocina y los aguanta; y así, si no son felices, por lo menos se hacen güeyes cada que pueden y a veces pueden más veces de las que creemos… Son sus ratitos donde se sienten señores, conocedores, donde cambian el mundo deportivo y cada pendejo piensa que sabe más que el otro…
El galán que tiene el micrófono en la mano, así se siente él, me suelta un torito: ¿No es la tuya una forma derrotista de ver el mundo?
Le reviro con otras preguntas: ¿Y cuál sería la triunfalista? ¿Pensar que todo está de poca madre? ¿Qué los ricos nos van a hacer el favor de acabar con la pobreza? ¿Que la policía se va a volver honrada? ¿Qué los políticos un día nos van a cumplir todas las promesas que hicieron en sus campañas? Me recuerdas al Chava Flores, en su canción ¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?
Entonces me corta y me dice: Me refería a que no todo es negativo…
Le quito la palabra y sigo: Hay cosas positivas, pero son las menos. Mira, si así como visto, con esta usanza, se me ocurre aparecerme por Polanco, me ven como un insecto extraño, cuando no venenoso. Y al revés sucede igual, si uno de los popof de Polanco viene por acá a nuestros rumbos, no faltará algún barrio que diga "y este bañadito de qué jaulita de cristal se salió". Y lo mismo es en Estados Unidos y en Argentina o España. Este pedo es universal. Está presente, como decía el Carlos Marx: la eterna lucha de clases: los de arriba y los de abajo: los que pisan y los pisoteados: los que arrastran y los arrastrados: los que joden y los jodidos… Las cosas se han ido tanto a los extremos que los intereses de unos y otros son totalmente distintos: uno lucha por no pasar hambre el día de hoy, el otro por acumular más y más; uno quiere dejar de estudiar para trabajar y ganar algo de lanita; el otro piensa en vacacionar muy de jodida en Cancún; uno piensa en que el hermano o el tío le mande unos dólares para irse para el otro lado porque aquí la tierra ya no deja, mientras que el otro está pensando en que se vayan todos para apropiarse de una buena vez de sus tierras. Pareciera que ya no hubiera Patria, que ya no hubiera Nación, que ya no hubiera país… Ya casi, casi, existe un Dios pa" los ricos y un Dios pa" los pobres. El primero parece que si los oye, nunca los desampara; el segundo… tal vez esté dormido, o algo así porque o no los quiere o no los pela. Ya sé: ha de estar jugando golf con aquel prelado de Ecatepec… el Enésimo Cepeda.
El chavo con cara de muy interesado sigue preguntando: ¿Y esos mundos no pueden integrarse?
Me aburre el chavito, pero le contesto con algo de agresión: ¡Uy! Pos sí, están integrados en este mundo calabaza. ¿Qué no lo ves? Estamos hablando de la realidad y más claro ni una cerveza cuando tiene uno mucha sed. Los de arriba no podrían tener lo que tienen sin los de abajo y los de abajo no podrían estar tan mal si no se hubieran dejado de los de arriba. Están íntimamente vinculados. Si, señor, claro que sí, si que sí, pos cómo no… Ja, ja, ja, ja… ¡Qué cara pusiste! No te me espantes, mi chavo, no pasa nada.
Es que me desconcertaste un poco…
Le aclaro, para que se le quede y no lo olvide: Así es Herpes T. Así soy yopo. Nopo hapay pepedopo, o sea: no hay pedo. Usté llévesela leve. ¿Tienes más cuestions? Suéltalas.
Mi entrevistador se arma chido de valor y pregunta: ¿Qué vale la pena para ti?
La pienso, y le contesto en serio: La neta, muchas cosas. Hay cosas grandiosas, muchas más allá de la mezquindad del hombre: la naturaleza, la tierra y verla producir, las costumbres de nuestras etnias, que se han mantenido a pesar de tantos intentos para borrarlas, nuestros indígenas dignos… Los colores, la música, pero la música de a de veras, no la comercial… aunque salga de un tamborcito, de un cascabel de víbora, de unas varitas o de una garganta aguardientosa; los escritos, las historias…
¿Los premios Nóbel, por ejemplo?
No hablo de esas historias… Duda siempre de los premios, todos están coluditos, es lo mismo. Si el premio Nóbel de literatura hubiera existido en los tiempos de Esquilo, de Homero, de Ovidio o de Shakespeare, de seguro se lo hubieran dado a algún Kalikrates de Efeso o a algún Joseph de Whitechapel, no a los que realmente lo merecían. Las letras prevalecen por su contenido, no por sus preseas, ni por las medallas. Se necesita literatura para el pueblo, teatro para el pueblo, radio y televisión para el pueblo, Internet para el pueblo. No hablo nada más de México ¿eh? No me vayas a limitar. Ya sé que tal vez pienses de mi como muchos: ¿y éste de cual fuma o cada cuando? o ¿qué zopilote le anido en el coco? Pero algo sí te aseguro: tal vez no piense tan chingón como los premiados con el Nóbel o con el Príncipe de Asturias o con la presea Belisario Domínguez, pero sí pienso libre. Nadie ni nada ata mi pensamiento. Pero déjame regresar a lo que vale la pena.
La palabra entera, la que no se dice para adular ni para engañar, sino la que porta la verdad, la que nos enseña, la que orienta y aclara, la que echa luz en el camino, la que usan para cantar los indígenas, la que sueltan los buenos padres a sus hijos. Vale la pena el pensamiento puro y las acciones que lo siguen y los líderes que lo difunden más allá de posesiones y vanagloria. Valen la pena los niños y los cuidados que les demos para que no se pudran su mente y sus entrañas. Vale la pena cada día, para luchar, para la equidad, para la esperanza. Valen la pena la música y los cantos que salen de nuestros corazones… Son cosas que no ha podido desaparecer este mundo calabaza. Son las cosas en las que andamos algunos. Las voces antiguas, las de nuestros mayores, las de los ancestros son nuestras guías. Esas voces son el tronco que empieza atener algunas ramitas, es el árbol que verdecerá.
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Bueno chavos. Los choros escritos en los párrafos anteriores, los rescaté de una copia que me dio el chavito que, grabadora y micrófono en mano, me entrevistó hace algunos meses. Se me presentó medio pandroso, como queriendo parecerse a los que somos, en buena medida, marginados, diciendo, al menos en eso fue neto y cristalino, que tenía que hacer un trabajo para su clase de sociología en la facultad ¿o sería clase de osciología? Para el caso es lo mismo.
Pos ya está. Me despido, como la roña, que también se pega, y ¿les digo algo? no se la coman completa. ¡Piensen libre! Esa es tal vez la única salida, muy a la larga, de este mundo calabaza. Me voy a ponerle la oreja a unas rolas de buen rock que, aunque no les guste a muchos, también se volvió cultura. ¡Pásensela chido!