Agosto del 2008

Mundo Calabaza

Por Herpes Trismegisto - 24 de Agosto, 2008, 23:15, Categoría: Los inconformes

Por Herpes Trismegisto

Entonces, me pregunta: ¿Y cómo ves el mundo?

Le contesto: Como un mundo calabaza. No hay otra forma de verlo. Todo está descompuesto. No hay lugar a donde voltees y no veas porquería. La sociedad está podrida, si no, mira hacia arriba y luego hacia abajo. Arriba, ¿quiénes están? Están los ricos, los políticos, los que se llaman hombres de empresa, los que se persignan a diario y lo mismo venden drogas que corrompen menores o los usan para sus perversiones sexuales. Están los cuates de trajecitos muy fain, usando corbatas chillonas, esas de rechíngame la retina, siempre a la moda, de telas chidas; esos que se meten a los restoranes donde cada cuenta que pagan le daría de comer a una familia pobre por un buen de tiempo. Ellos se gastan el billete así porque no les cuesta ganarlo; si tuvieran que trabajarlo como la raza, neta que ni tendrían tanto, ni lo tirarían de ese modo.  Arriba también están esos que se dicen comunicadores que más bien son incomunicadores o descomunicadores, ¿me entiendes? Nunca dicen la neta: o la ocultan o la cambian a su conveniencia y antojo… Los descomunicadores atrofian cerebros, los condicionan… Y eso en el mejor de los casos. Ya ves que con la televisión hacen que pienses como ellos quieren, que consumas lo que ellos quieren, que hables y te vistas como ellos te lo ordenan… porque te lo están ordenando, aunque no te des cuenta.

El chavo que me está entrevistando se queda como ido cuando me callo. Luego reacciona: ¿Entonces tú crees que arriba todo está echado a perder?

¡Chale!, ¿a poco tú no lo crees? ¿O no te das cuenta? Pero ya te dije que lo mismo es arriba que abajo, así como dice uno de los grandes principios herméticos: "como es arriba es abajo". Mira, le digo... Vamos viendo. Si hay un cuate que le paga a las putas es porque hay mujeres que están dispuestas a ser compradas, ¿no?; por necesidad o por lo que tu quieras, pero las hay. A los que venden droga les vale madres que los que las consuman se mueran; lo único que les importa es el billullo y saben que siempre habrá más consumidores, y si faltan, pos ellos los inducen. Pero también el que consume la droga está podrido, de entrada no se quiere y está dispuesto a sacrificar su salud, su familia, su entorno, incluso su libertad si lo agarran los de la poli, !los hijastros de luzbel! Abajo están los derrotados, los que no aspiran a nada, los que no sueñan, los que en lugar de luchar y seguir adelante, se echan como si fueran leones a ver el fútbol con sus cheves bien helodias, mientras la vieja les cocina y los aguanta; y así, si no son felices, por lo menos se hacen güeyes cada que pueden y a veces pueden más veces de las que creemos… Son sus ratitos donde se sienten señores, conocedores, donde cambian el mundo deportivo y cada pendejo piensa que sabe más que el otro…

El galán que tiene el micrófono en la mano, así se siente él, me suelta un torito: ¿No es la tuya una forma derrotista de ver el mundo?

Le reviro con otras preguntas: ¿Y cuál sería la triunfalista? ¿Pensar que todo está de poca madre? ¿Qué los ricos nos van a hacer el favor de acabar con la pobreza? ¿Que la policía se va a volver honrada? ¿Qué los políticos un día nos van a cumplir todas las promesas que hicieron en sus campañas? Me recuerdas al Chava Flores, en su canción ¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?

Entonces me corta y me dice: Me refería a que no todo es negativo…

Le quito la palabra y sigo: Hay cosas positivas, pero son las menos. Mira, si así como visto, con esta usanza, se me ocurre aparecerme por Polanco, me ven como un insecto extraño, cuando no venenoso. Y al revés sucede igual, si uno de los popof de Polanco viene por acá a nuestros rumbos, no faltará algún barrio que diga "y este bañadito de qué jaulita de cristal se salió".  Y lo mismo es en Estados Unidos y en Argentina o España. Este pedo es universal.  Está presente, como decía el Carlos Marx: la eterna lucha de clases: los de arriba y los de abajo: los que pisan y los pisoteados: los que arrastran y los arrastrados: los que joden y los jodidos… Las cosas se han ido tanto a los extremos que los intereses de unos y otros son totalmente distintos: uno lucha por no pasar hambre el día de hoy, el otro por acumular más y más; uno quiere dejar de estudiar para trabajar y ganar algo de lanita; el otro piensa en vacacionar muy de jodida en Cancún; uno piensa en que el hermano o el tío le mande unos dólares para irse para el otro lado porque aquí la tierra ya no deja, mientras que el otro está pensando en que se vayan todos para apropiarse de una buena vez de sus tierras. Pareciera que ya no hubiera Patria, que ya no hubiera Nación, que ya no hubiera país… Ya casi, casi, existe un Dios pa" los ricos y un Dios pa" los pobres. El primero parece que si los oye, nunca los desampara; el segundo… tal vez esté dormido, o algo así porque o no los quiere o no los pela. Ya sé: ha de estar jugando golf con aquel prelado de Ecatepec… el Enésimo Cepeda.

El chavo con cara de muy interesado sigue preguntando: ¿Y esos mundos no pueden integrarse?

Me aburre el chavito, pero le contesto con algo de agresión: ¡Uy! Pos sí, están integrados en este mundo calabaza. ¿Qué no lo ves?  Estamos hablando de la realidad y más claro ni una cerveza cuando tiene uno mucha sed. Los de arriba no podrían tener lo que tienen sin los de abajo y los de abajo no podrían estar tan mal si no se hubieran dejado de los de arriba. Están íntimamente vinculados. Si, señor, claro que sí, si que sí, pos cómo no… Ja, ja, ja, ja… ¡Qué cara pusiste! No te me espantes, mi chavo, no pasa nada.

Es que me desconcertaste un poco…

Le aclaro, para que se le quede y no lo olvide: Así es Herpes T. Así soy yopo. Nopo hapay pepedopo, o sea: no hay pedo. Usté llévesela leve. ¿Tienes más cuestions? Suéltalas.

Mi entrevistador se arma chido de valor y pregunta: ¿Qué vale la pena para ti?

La pienso, y le contesto en serio: La neta, muchas cosas. Hay cosas grandiosas, muchas más allá de la mezquindad del hombre: la naturaleza, la tierra y verla producir, las costumbres de nuestras etnias, que se han mantenido a pesar de tantos intentos para borrarlas, nuestros indígenas dignos… Los colores, la música, pero la música de a de veras, no la comercial… aunque salga de un tamborcito, de un cascabel de víbora, de unas varitas o de una garganta aguardientosa; los escritos, las historias…

¿Los premios Nóbel, por ejemplo?

No hablo de esas historias… Duda siempre de los premios, todos están coluditos, es lo mismo. Si el premio Nóbel de literatura hubiera existido en los tiempos de Esquilo, de Homero, de Ovidio o de Shakespeare, de seguro se lo hubieran dado a algún Kalikrates de Efeso o a algún Joseph de Whitechapel, no a los que realmente lo merecían. Las letras prevalecen por su contenido, no por sus preseas, ni por las medallas. Se necesita literatura para el pueblo, teatro para el pueblo, radio y televisión para el pueblo, Internet para el pueblo. No hablo nada más de México ¿eh? No me vayas a limitar. Ya sé que tal vez pienses de mi como muchos: ¿y éste de cual fuma o cada cuando? o ¿qué zopilote le anido en el coco? Pero algo sí te aseguro: tal vez no piense tan chingón como los premiados con el Nóbel o con el Príncipe de Asturias o con la presea Belisario Domínguez, pero sí pienso libre. Nadie ni nada ata mi pensamiento. Pero déjame regresar a lo que vale la pena.

La palabra entera, la que no se dice para adular ni para engañar, sino la que porta la verdad, la que nos enseña, la que orienta y aclara, la que echa luz en el camino, la que usan para cantar los indígenas, la que sueltan los buenos padres a sus hijos. Vale la pena el pensamiento puro y las acciones que lo siguen y los líderes que lo difunden más allá de posesiones y vanagloria. Valen la pena los niños y los cuidados que les demos para que no se pudran su mente y sus entrañas. Vale la pena cada día, para luchar, para la equidad, para la esperanza. Valen la pena la música y los cantos que salen de nuestros corazones… Son cosas que no ha podido desaparecer este mundo calabaza. Son las cosas en las que andamos algunos. Las voces antiguas, las de nuestros mayores, las de los ancestros son nuestras guías. Esas voces son el tronco que empieza atener algunas ramitas, es el árbol que verdecerá.

- - -

Bueno chavos. Los choros escritos en los párrafos anteriores, los rescaté de una copia que me dio el chavito que, grabadora y micrófono en mano, me entrevistó hace algunos meses. Se me presentó medio pandroso, como queriendo parecerse a los que somos, en buena medida, marginados, diciendo, al menos en eso fue neto y cristalino, que tenía que hacer un trabajo para su clase de sociología en la facultad ¿o sería clase de osciología? Para el caso es lo mismo.

Pos ya está. Me despido, como la roña, que también se pega, y ¿les digo algo? no se la coman completa. ¡Piensen libre! Esa es tal vez la única salida, muy a la larga, de este mundo calabaza. Me voy a ponerle la oreja a unas rolas de buen rock que, aunque no les guste a muchos, también se volvió cultura. ¡Pásensela chido!

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Pura piedra - Monumento a la Revolución Mexicana

Por Alonso Marroquín Ibarra - 24 de Agosto, 2008, 22:15, Categoría: Más que mil palabras



Pura piedra - Monumento a la Revolución Mexicana
Fotografía: Diego Durán Velázquez

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Cantar y cantar lo nuestro

Por Alonso Marroquín Ibarra - 18 de Agosto, 2008, 5:15, Categoría: Artículos

Fotografía propiedad de Alonso Marroquín Ibarra

Por Alonso Marroquín Ibarra

Por aquel entonces había integrado yo un grupo, Barricada, que se dedicó a la interpretación y difusión de la música latinoamericana. El nombre del grupo fue la consecuencia de un propósito: defender lo propio ante la invasión desmedida de la música norteamericana.

Nos llenamos el alma de nacionalismo y de pasión por todo lo que nos une en nuestro continente y entonamos las canciones de nuestra América hermana. Nuestro repertorio recogió los viejos y los nuevos compositores, la música tradicional desde el Río Bravo hasta la Patagonia, llenándose las guitarras con todos los rasgueos y compases posibles, juntando charangos, cuatros, bombos legüeros, tiples, quenas, dulzaínas y todo instrumento imaginable que estuvo a nuestro alcance. Las manos faltaban para hacer vibrar las cuerdas y sacarle los ritmos a las percusiones.

El grupo de Los Folkloristas ya había empezado su destacada y encomiable labor y casi como lapas nos pegamos a ellos para aprenderles y cantar... Cantar con todo, desde las tripas; cantar para todos, no sólo en los escenarios de paga. Fuimos a los barrios, a las plazas, a los camiones (autobuses), a los mercados, a las escuelas y cantamos y cantamos y cantamos. Nos integramos con otros iguales, intercambiando experiencias, acabándonos las noches, descatalogando al sueño, y el entusiasmo en vez de menguar, crecía.

Ahí estaba la nueva trova cubana, la música reflexiva de Enrique Ballesté, la guerrera de Gabino Palomares, la poco difundida en México de Atahualpa Yupanqui, el neofolclor chileno. Ahí también, las voces de Violeta Parra, de Soledad Bravo, de Mercedes Sosa, todavía no invadida del todo por su superego, el esencial Víctor Jara y su Canción del Poder Popular, Daniel Viglietti, Facundo Cabral sin sus apegos afrancesados o místicos, Alberto Cortez siempre burgués con su filosofía de vida...

Un verdadero mosaico de riqueza musical, toda nuestra, en la mesa, en las gargantas de todos los que quisieron entonar, en los oídos de los que quisieron escuchar y en la memoria de todos los que participamos.

Música latinoamericana, verdadera vida,
tonos ya de lamentos o de amores perdidos,
lo mismo que de bravos embates contra lo extraño.
o de sentir profundo por ese amor a la tierra.

A desalambrar, a desalambrar...
que la tierra es nuestra, es tuya y de aquél...
Daniel Viglietti

Yo no canto porque sé,
ni porque mi voz sea buena...
Canción popular mexicana

Eso de jugar a la vida
es algo que a veces duele...
Enrique Ballesté

... él volvió, volvió casado,
ella se murió de amor.
José Martí - Oscar Chávez

...muchas cañas hay en Cuba
pero aquí hay cañas también.
Alonso Marroquín Ibarra

Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo...
Violeta Parra

...eran los hombres barbados
de la profecía esperada.
Gabino Palomares

...y todos se entretenían
guitarreando hasta el desvelo.
Atahualpa Yupanqui

Aquí se queda la clara,
la entrañable transparencia...
Carlos Puebla

Voy a cerrar por inventario,
retiro del mostrador la mercancía quedada...
Xulio Formoso

Sol redondo y colorado como una rueda de cobre
a diario me estás mirando, a diario me miras pobre...
Canción revolucionaria mexicana

Sapo de la noche, sapo cancionero
que vives soñando junto a tu laguna...
Hugo Chagra

Y cantamos en ciudades grandes, medianas y chicas, en poblados lejanos, allá en los pobres caseríos, en los llanos, en la sierra, en la selva, en la aridez del norte, en todo rancho. Y seguiremos cantando esa música nuestra, vital y liberadora, de tonadas sentidas que se meten muy dentro con su ritmo, llenas de sabor a tierra y a sol, a mañana fresca, impregnadas de sangre india y mestiza, canciones resultantes de conquistas viejas para reconquistarnos a nosotros mismos.

Mientras tenga cuerdas, mi voz
ha de cantar donde pueda
y si requiere una canción,
présteme nomás la madera
que hermanándome con ella
le daré satisfacción.

No pregunte de 'onde soy
que eso no tiene importancia.
Así como vengo, voy,
sin gustarme la jactancia.
Sígame con la guitarra.
De canto es la noche de hoy.

¡Cantar y cantar y cantar lo nuestro, siempre ha valido la pena!

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Esquizofrenia real

Por Rodrigo Alonso Marroquín Posada - 16 de Agosto, 2008, 23:30, Categoría: Contando cuentos


Imagen tomada d http://mondomedico.wordpress.com

Por Rodrigo Alonso Marroquín Posada

Nuestra historia comienza en una casita en una de las mejores ciudades a nivel mundial de nombre Utopos. Un lugar que se encuentra donde nunca pasa nada.

En esa casa vivía yo, un buen empleado, con una buena familia, con una vida rutinaria.

Bob, ese era mi nombre.

A pesar de todos mis logros no tengo nada de que enorgullecerme porque ya estoy muerto.

¿Te preguntas por qué?, ¿quieres saber? ¿Por qué quieres saber y, más difícil, para qué? Aunque no me contestes, te lo diré.

Como cualquier persona en Utopos tenía un trabajo que me sostenía a mí y a mi familia. Tal vez no era el que quería, pero era el que me mantenía vivo (o eso creían todos) antes de que las cosas sucedieran.

Un martes 13 de diciembre, desperté y me di cuenta de que lo que había hecho en mi vida no se acercaba a lo que en realidad quería. Mi familia era insípida, el trabajo indeseable… la casa representaba lo que odiaba y el monstruo de la rutina me había consumido. Todo me recordaba que mi vida era miserable.

Al siguiente día fui con mi psicólogo y me indujo a crear a Scrush, que era yo si hubiera hecho todo lo que algún día quise. A partir de ese momento, junto a mí, mi creación se veía como yo, pero mejor, mucho mejor. Desde ese día, Scrush siempre hacía lo que él, es decir yo, quería; pero no siempre era bueno; a veces era malo, demasiado malo.

El 17 de enero mi esposa estalló en llanto, porque pensó que se me había olvidado nuestro aniversario. Realmente nunca lo olvidé. Me acerqué a ella y le di un golpe tan fuerte que me rompí los nudillos de dos dedos. Ella me miró de una manera diferente. ¡Me sentí tan bien!

La situación familiar se tornó densa y difícil, pero no me importaba.

Todo era genial, hasta que el 13 de abril noté que Scrush tomó agua real, de un vaso real. Nunca había pasado eso. Lo había visto hacer actos semejantes pero con objetos inexistentes. ¿Cómo lo hizo?, nunca me lo dijo, pero parecía disfrutar cada vez que hacía cosas como esa. En realidad para mí no era importante; nunca le di prioridad; ya hasta se me hacía normal.

Todo cambió el día que entró a mi casa como alguien real y se presentó como yo ante mi familia. Nadie entendió, incluyéndome, pero a partir de ese suceso vivió en mi casa día tras día. Nunca se iba. ¿Por qué?

Todo está mal. Scrush parece agradarle a mi familia más que yo, pero es imposible,  él no existe, no existe. ¡Ja, ja, ja, ja…!

¡Me harté! Iré con mi psicólogo el miércoles 14 de septiembre y acabaré con esto. Sí, eso es lo que haré.

Durante mi sesión me dijo que todo era una ilusión. Al parecer padecía de esquizofrenia. ¿Cómo puede ser tan ciego? Todos lo ven excepto él. Scrush estaba junto a nosotros gritándole que al salir de su trabajo moriría, y así fue. Yo intenté prevenirlo de lo que iba a pasar, pero al sentirse amenazado, optó por echarme del consultorio.

Conforme pasaba el tiempo observé que mi familia y allegados me notaban menos, me prestaban menos atención y la centraban en Scrush. Yo pensaba: él es nuevo, es diferente; se les pasará.

Conforme el tiempo pasaba más se les olvidaba que existía, hasta parecía que era invisible. ¿No me veían? ¿Qué sucede? ¿Soy real?

Me di cuenta de algo muy interesente, ¿Cómo puedo confirmar que algo es real? No importa lo que se haga, siempre se puede demostrar lo contrario. ¿Hay algo real?

¿Y, si yo soy Scrush, y mi creador está tan perturbado que me hizo igual, perturbado? ¡No! ¡Yo lo cree, y yo puedo destruirlo!

Llegué a mi casa, hablé con mi esposa. Parecía ignorarme y de alguna forma era así. Yo no existo. ¿Como pudo ser? Estoy confundido.

Llevo dos días llorando en una esquina y nadie me ve, excepto Scrush, ese maldito. Se robó todo y no sólo eso. Cuando me ve se mofa de mí, se burla del aburrido y fracasado Bob. Puedo solucionarlo: me acercaré a él y lo asesinaré. Si le di vida, le daré muerte.

Ese día 14 de diciembre (justo un año antes había creado a Scrush), me acerqué a mi cama y lo vi recostado con mi esposa. ¡Qué lindos se ven abrazados, después de haber convivido amorosamente! ¡La escena es casi arte! Me conmoví tanto que hasta pensé en morir cuando él me olvidara. ¡Reaccioné! Lo apuñale 15 veces en la espalda. Al fin y al cabo no es delito matar a alguien que no existe.

15 de diciembre. Bob, Scrush… Morí de 15 puñaladas en la espalda; amanecí en una cama empapada de sangre, con la bella melodía de los gritos de mi esposa provocados por mi cuerpo sin vida.

¿Qué fue de todo esto?

Sencillo: acusaron a mi esposa y la encerraron por causa de asesinato probable o algo así. Para su futuro sólo hay rejas y demencia.

A mis dos hijos los adoptó una familia que con el tiempo los convertiría en vagos y malvivientes.

En fin esta es mi historia y…  tú, ¿eres real? Yo creo que no,  porque esta ciudad es Utopos, un lugar que se encuentra donde nunca pasa nada.

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Sonatina de Rubén Darío

Por Alonso Marroquín Ibarra - 14 de Agosto, 2008, 0:45, Categoría: Estamos al aire

Declamador: Alonso Marroquín Ibarra


Sonatina

Rubén Darío

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera Hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
la princesa está pálida, la princesa está triste,
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

«Calla, calla, princesa» dice el hada madrina;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».



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El bailarín

Por Juan Cervera Sanchís - 14 de Agosto, 2008, 0:01, Categoría: Contando cuentos

Por Juan Cervera Sanchís


Nunca había hecho otra cosa. No sabía hacer otra cosa. Toda su vida la había consagrado a la danza. Danzar era vivir. Dejar de danzar, morir. Desde aquel día… Pedro Martín acariciaba el olvido. Su lecho de convaleciente se le hacía enorme.

Pensaba en su esposa, también bailarina. Ella sí podía seguir bailando. Ella tuvo suerte en aquel brutal accidente donde él perdió, sin perderla, toda su vida. ¿Qué podía esperarle a un hombre como él sin sus dos piernas? Ella trató una y otra vez de consolarlo:

"Pedro, lo importante es que sigues vivo, que yo te amo" ¿Hasta cuándo ella podría seguir amándolo? Sí, ella, más que amarlo lo admiraba. El había sido su maestro insuperable. Desde ahora…

Los días se iban presurosos. ¡Qué cruel es a veces la prisa! Sábado por la tarde. Pedro sabía que el lunes por la mañana tendría que dejar el hospital. Ella saldría en gira de trabajo el martes. L vida es la vida. Se quedaría solo en aquella ciudad, en su desolado departamento al cuidado de gente extraña. Miró la silla de ruedas. Lo odió todo. "Tenía derecho a odiarlo todo", pensó.

Ella estaba allí. Llegó pisando suave, grácil: "Pedro, Pedro, el lunes estarás en casa. Tienes que seguir adelante. Hazlo por mí." Pedro no pudo contenerse. Casi gritó: "¡Calla!" Ella guardó silencio como un ave asustada. Por sus grandes ojos negros resbalaron dos lagrimones. "¡Déjame solo, por favor!" Sin más palabras ella salió de la habitación. Pedro era otro hombre. Pedro ya no era aquel Pedro alado y risueño que parecía poderlo todo.

El lunes por la mañana, en el cementerio, ella lloraba y todos lloraban. Sin embargo, ella no pudo evitar ver de una manera extraña al bailarín joven. Se avergonzó se sí misma.

Alguien –cruel es el mundo real– pensaba sin avergonzarse: "No porque un ave pierda las alas el resto de las aves dejarán de volar"

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Desde mi cuarto, a lo lejos, oigo un blues

Por Alonso Marroquín Ibarra - 5 de Agosto, 2008, 5:30, Categoría: Estamos al aire

Por Alonso Marroquín Ibarra

Algunas veces, creo que a todos nos ha pasado, he dado la impresión de estar ausente.

-¿En qué piensas? ¿Qué tienes?

-Nada.

La respuesta no es cierta. El cerebro, en sus evoluciones, nos hace viajar por muchas partes. Puede ser una simpleza la que nos abstraiga: un gato que saltó en el tejado vecino, una preocupación de esas que se encajan, la evocación de un paisaje soleado o neblinoso, una imagen colgada de la pared, en la que ya no reparábamos...

Les comparto un archivo de audio con algunas elucubraciones, de esas que me llegan cuando estoy como ausente.

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