
Por Leonel
Puente
Escrito en los
dormitorios de La Pérgola di Roma
Madrugada del viernes 13 julio de 2007
El Viernes 13 de Octubre de
1307, por una confabulación entre Felipe IV (apodado “El Hermoso”) y el papa
Clemente V (quien pasara del arzobispado de Burdeos a la silla papal gracias al
anterior), fueron apresados todos los caballeros templarios radicados en París,
incluyendo a su comandante, el maestre Jacques Molay.
Toda la orden templaria, de las
otras latitudes de Francia, fue perseguida, apresada, martirizada y, casi en su
totalidad, desaparecida o ejecutada. En otros países ésta organización,
religioso–militar, también sufrió la disolución, el despojo y la proscripción,
aunque no fue tratada con tanta saña
¿Por qué sucedió todo esto? Por
varios motivos, pero principalmente por dos: dinero y poder. Las guerras
promovidas por el rey Felipe, a pesar de haber sido en su mayoría exitosas,
dejaron los erarios públicos en bancarrota y se necesitaba obtener recursos de
donde fuese. Aumentar impuestos y sangrar los bolsillos del pueblo (como ocurre
constantemente en el transcurso de la historia de muchas sociedades) no resultó
suficiente; fue entonces cuando comenzaron las maquinaciones, entre el gobierno
e iglesia, para apoderarse de las riquezas de la –
orden del Temple y, de paso,
restarles su poder, pues, ya para esas fechas (albores del siglo XIV), tenían
una presencia y una influencia considerables en muchos asuntos importantes
dentro de las estructuras económicas, políticas e ideológicas de toda Europa.
Ríos de tinta han corrido para
relatar aquellos aciagos acontecimientos y, sin embargo, muchos detalles han
quedado en el misterio. Con el paso de los años, de las décadas y de los
siglos, la historia de los templarios fue adquiriendo rasgos legendarios y
existen numerosas hipótesis que pretenden dilucidar cuál fue su destino final.
Por el momento, lo que aquí nos
compete es señalar que, por la crueldad extrema por la que fueron tratados
aquellos monjes–soldados (especialmente en París, la tan mentada “ciudad luz”)
y por la arbitraria oscuridad de todo el proceso al que fueron sometidos, en la
imaginería popular de todo el continente europeo quedó grabado el Viernes 13
como un día nefasto, terrible, siniestro, de “mala suerte”.
Sebastián Pereda, locutor de
Radio Ciudadana, aporta que el número 13 no siempre está asociado con la mala
suerte. De hecho, en todas las culturas prehispánicas el 13 tiene un sentido
positivo y se relaciona con buenos augurios, las buenas cosechas, el buen
destino de los nacidos en ese día. La visión americana era una visión
diametralmente opuesta a la europea.