Julio del 2008

El Hombre de Vitrubio

Por Alonso Marroquín Ibarra - 26 de Julio, 2008, 13:30, Categoría: Cultura encapsulada

El Hombre de Vitrubio es un famoso dibujo de Leonardo da Vinci, acompañado de notas anatómicas, realizado alrededor del año 1492 en uno de sus diarios.  Representa una figura masculina desnuda en dos posiciones sobreimpresas de brazos y piernas, inscrita en un círculo y un cuadrado. También se conoce como el "Canon de las proporciones humanas".

En él se realiza un estudio anatómico buscando la proporcionalidad del cuerpo humano, el canon clásico o ideal de belleza. Sigue los estudios del arquitecto Vitrubio (Marcus Vitruvius Pollio ) arquitecto romano del siglo I a.c. a quien Julio Cesar encargó la construcción de máquinas de guerra.

El dibujo de Leonardo se exhibe en la Real Academia de Venecia, Italia.

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La palabra y las ideas sin fronteras

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Los Chobojos en Radio Ciudadana

Por Chobojo Master - 20 de Julio, 2008, 9:45, Categoría: General

 

¡Hoy, hoy, hoy!

No vayan a pronunciar la “h” como jota. No está escrito en inglés... además sonaría a joi, joi, joi y el asunto no es de risa. Ja. Tampoco lo relacionen la frase terca que pronunció alguna vez el expresidente Vicente Fox (no le gusta que le digan así, le gusta que le sigan diciendo “Señor presidente”. ¡Ah!, al fin y al cabo sigue siendo un hombre de mente enferma.). ¡No! El asunto es otro.

El hoy, hoy, hoy, se refiere a que este día domingo 20 de julio de 2008, los Chobojos se presentarán en vivo y a todo audio en Radio Ciudadana (660 del cuadrante de AM), en el programa “Letras para no dormir”, que dirige muy atinadamente SandraVázquez. Esto sucederá a las 23:00 hrs. terminando a las 2:00 del día siguiente.

Todos aquellos que residan en la Ciudad de México y zonas aledañas, pueden pegar la oreja a la bocina, tomar café a granel, fumar sin restricciones, hablar a la estación e interactuar.

No hay pretexto para no escucharlo.

Estará presente la espontaneidad; podrán adentrarse a la “zona seria” de los Chobojos; escuchar las anécdotas que dieron inicio a nuestro proyecto cultural; hablaremos de nuestro México, de la literatura, de... qué sé yo: todo lo que sea posible hacer en tres horas de transmisión. Justo lo que haremos en el programa será cometer cultura.

Así pues, chobojos, todos están invitados a esta tertulia nocturna.

Ya pondremos otra entrada en el Blog para platicarles qué tan sabroso estuvo el evento, lo que en él ocurrió y, si es posible, parte de sus contenidos en audio. Lo último no es una promesa, es una posibilidad.

Recordando la maravilla de las ondas hertzianas: Chobojo Master

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El origen del Viernes 13

Por Alonso Marroquín Ibarra - 12 de Julio, 2008, 19:30, Categoría: Artículos

Por Leonel Puente

Escrito en los dormitorios de La Pérgola di Roma
Madrugada del viernes 13 julio de 2007

El Viernes 13 de Octubre de 1307, por una confabulación entre Felipe IV (apodado “El Hermoso”) y el papa Clemente V (quien pasara del arzobispado de Burdeos a la silla papal gracias al anterior), fueron apresados todos los caballeros templarios radicados en París, incluyendo a su comandante, el maestre Jacques Molay.

Toda la orden templaria, de las otras latitudes de Francia, fue perseguida, apresada, martirizada y, casi en su totalidad, desaparecida o ejecutada. En otros países ésta organización, religioso–militar, también sufrió la disolución, el despojo y la proscripción, aunque no fue tratada con tanta saña

¿Por qué sucedió todo esto? Por varios motivos, pero principalmente por dos: dinero y poder. Las guerras promovidas por el rey Felipe, a pesar de haber sido en su mayoría exitosas, dejaron los erarios públicos en bancarrota y se necesitaba obtener recursos de donde fuese. Aumentar impuestos y sangrar los bolsillos del pueblo (como ocurre constantemente en el transcurso de la historia de muchas sociedades) no resultó suficiente; fue entonces cuando comenzaron las maquinaciones, entre el gobierno e iglesia, para apoderarse de las riquezas de la  

orden del Temple y, de paso, restarles su poder, pues, ya para esas fechas (albores del siglo XIV), tenían una presencia y una influencia considerables en muchos asuntos importantes dentro de las estructuras económicas, políticas e ideológicas de toda Europa.

Ríos de tinta han corrido para relatar aquellos aciagos acontecimientos y, sin embargo, muchos detalles han quedado en el misterio. Con el paso de los años, de las décadas y de los siglos, la historia de los templarios fue adquiriendo rasgos legendarios y existen numerosas hipótesis que pretenden dilucidar cuál fue su destino final.

Por el momento, lo que aquí nos compete es señalar que, por la crueldad extrema por la que fueron tratados aquellos monjes–soldados (especialmente en París, la tan mentada “ciudad luz”) y por la arbitraria oscuridad de todo el proceso al que fueron sometidos, en la imaginería popular de todo el continente europeo quedó grabado el Viernes 13 como un día nefasto, terrible, siniestro, de “mala suerte”.

Sebastián Pereda, locutor de Radio Ciudadana, aporta que el número 13 no siempre está asociado con la mala suerte. De hecho, en todas las culturas prehispánicas el 13 tiene un sentido positivo y se relaciona con buenos augurios, las buenas cosechas, el buen destino de los nacidos en ese día. La visión americana era una visión diametralmente opuesta a la europea.

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La cultura no muerde

Por Chobojo Master - 8 de Julio, 2008, 23:15, Categoría: Chobojos

Por Chobojo Master

Esos chobojos... Sean bienvenidos a esta edición especial de Toma Todo y, por supuesto, a esta sección del Chobojo Mayor. ¡Empezamos!

En tiempos remotos tuve una perra; se llamaba Cultura y aunque su aspecto era fiero, era en extremo mansa, y no servía para maldita la cosa si alguien se acercaba, con intenciones turbias, a la opulenta y envidiable mansión de este servilleta. Podían colarse los tipos más turbios y pasearse como Juan por su casa, y Cultura hubiera sido incapaz de ladrarles recio, con tal de seguir granjeándose las caricias de todos. No mordía ni su cola, que ya es decir demasiado, ya que es una práctica común en cualquier can, lebrel, dogo, alano, tuso, chucho o como se diría en latín: en cualquier canis familiaris.

Esta pequeña historia que les cuento viene a colación porque la otra cultura, tampoco muerde, pero eso sí, al igual que mi querida perra, cuando uno se le acerca, es pródiga, amable, entretenida, juguetona incluso, invita a seguir con ella.  

Así pues, chobojos, acérquense a la otra cultura, no es una perra, no muerde; tampoco es virus (eso sí es una lástima; si lo fuera, sería contagiosa y eso sería bueno también); no es como el gobierno de FeliPillo, que a pura fuerza bruta se la está llevando; no es chile que pique mucho y los deje con ganas (sin albur, no vayan a pensar mal, como acostumbran).

Ya que la cultura no la venden en el changarro de la esquina; ni está en barata en ningún aparador de tiendas nice; ni la ofrecen de casa en casa los chavos pandrosos, son ustedes los que se le tienen que acercar. Aunque, no faltará el despistado que diga:

–Y ¿"ónde la encuentro entonces?

–La cultura está en todas partes y todo es cuestión de perderle el miedo.

–Por eso, Master: ¿cómo le hago para tenerla?

–´Orita te suelto el cómo, pero primero te acomodo una definición, para que nos ubiquemos:

Culto, cultivo, cultivar y cultura son palabras asociadas en un principio a la tierra y a las acciones necesarias para que ésta produzca, para que nos dé su producto: el alimento y las materias primas.

Así, cultivar es dedicarle a la tierra y a las plantas las labores necesarias para que nos brinden su fruto, lo mismo que, por analogía, es desarrollar el talento, el ingenio, la memoria; en las artes, las ciencias, las lenguas, para mantener, acercar y ampliar el conocimiento.

Cultura es el conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico y también el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, país, etc. Una persona culta (cultivada) o un pueblo culto es aquel dotado de las calidades que provienen de la cultura o instrucción.

¡Pero ya chole! Ya les eché un rollo medio pesadón y no se trata de eso. Para poder ampliar nuestra cultura debemos adquirir conocimientos, observar e integrarnos a nuestro entorno. Por eso este Chobojo Master siempre ha recalcado la importancia de leer.

Lean, chobojos, pero vayan más allá del Kalimán, el Libro Policíaco Semanal, el Sensacional de Luchas, La Novela Romántica, el Órale, de los periódicos deportivos, de nota rota o amarillistas y chivas semejantes.

Cultívense, chobojos, pero no vayan a meter los pies en una maceta, se echen tierra y se rieguen. ¡No!

Ilústrense, chobojos, y no me refiero a que vayan con el primer "artista de las agujas" que encuentren y se hagan un tatuaje en sus partes pudendas… ¡Ah, que palabreja se me ocurrió! ¡No! Quiero decir que "le den luz al entendimiento", que se "instruyan, se civilicen". Los entrecomillados son definiciones que da el diccionario sobre ilustrar, no son inventos de este Master, pero suena bien.

Elévense, chobojos, en conocimientos; no vayan a interpretarme mal y piensen que les sugiero que le entren a rollos paranormales o místicos a ver si levitan.

Túpanle, chobojos, pero no al compa que les cae mal. ¡No! Túpanle con disciplina a la lectura, a la música, al teatro, a las artes… 

Entérense, pero no de los chismarajos de las revistitas de artistas, políticos vedettes y deportistas. ¡No! Entérense de lo que pasa en nuestro país, y finalmente:

Finalmente… finalmente… ¡Piensen, chobojos! pero no sólo en la vecina superbuena de al lado –o el vecino–. ¡No! Piensen para ser mejores.

Ah, y cuando se hable de cultura, acuérdense también de mi perra, que tampoco mordía.

La cultura es el conjunto de todas las formas de vida y expresiones de una sociedad determinada. Como tal incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, de vestirse, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias. Desde otro punto de vista podríamos decir que la cultura es toda la información y habilidades que posee el ser humano y la suma de sus logros a través de los siglos.

Puedes encontrar una gran variedad de artículos del Chobojo Master en:

http://chobojos.zoomblog.com

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culto, ta.
(Del lat. cultus).
1. adj. Dicho de las tierras o de las plantas: cultivadas.
2. adj. Dotado de las calidades que provienen de la cultura o instrucción. Persona culta. Pueblo, lenguaje culto.

cultivo.

(De culto).
1. m. Acción y efecto de cultivar.

cultivar.

(De cultivo).
1. tr. Dar a la tierra y a las plantas las labores necesarias para que fructifiquen.
2. tr. Poner los medios necesarios para mantener y estrechar el conocimiento, el trato o la amistad.
3. tr. Desarrollar, ejercitar el talento, el ingenio, la memoria, etc.
4. tr. Ejercitarse en las artes, las ciencias, las lenguas, etc.

cultura.

(Del lat. cultūra).
1. f. cultivo.
2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.  

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Monólogo del encarcelado

Por Alejo Morales Parra - 2 de Julio, 2008, 20:07, Categoría: Maldita realidad


Por Alejo Morales Parra

No sé, bien a bien, por qué estoy aquí. Los agentes llegaron aquella noche a mi domicilio y entre golpes y empujones arrearon conmigo. Otros dos, vecinos míos, también fueron metidos en la camioneta, entre una cadena interminable de mentadas de madre y amenazas. Me dio miedo, sí. Nunca lo había sentido de esa manera. No es igual ver un perro, por bravo que sea, venir hacia nosotros con toda su furia, donde parece que no se tiene escapatoria. No, no es igual. No. Es un miedo... de a de veras. Será tal vez porque sabe uno que no se puede correr a parte alguna, que no hay salida viable, que se está a merced del capricho de cuantos están en el poder judicial; lo mismo del maldito que nos pasa por enfrente y sonríe burlón, que del carcelero cuerpo de ropero de mirada inmensamente indiferente. Es como si los que estuviéramos aquí no tuviéramos valor alguno, ni como estorbos. Es parecido a dejar de existir; parecido, nada más, porque nuestra presencia los irrita y en cualquier momento puede generarles una reacción inesperada que se convierte en  un puñetazo en el estómago, un grito de ¡ya te cargó la chingada!, o una especie de consejo, que deja entrever que apenas se está en el principio de un camino largo, siniestro, que no se sabe dónde llegará.

« ¿Para qué escribes sobre todo esto? », preguntó Ernesto, en uno de tantos días donde la angustia y la desesperación rompieron mi templanza. « No tiene sentido. No van a desaparecer las cárceles, ni las detenciones arbitrarias. Ahora mismo deben estar llegando otros como nosotros. Cuando reciben sus órdenes, ellos van por los chivitos. Luego nada más los meten aquí y las estadísticas crecen. ¡Vayas creyendo que vas a cambiar algo! »

No entiende. Ernesto no entiende que el solo hecho de garrapatear el papel es terapéutico para mí. Me ayuda a reafirmar en mi conciencia que soy inocente o que, al menos, lo era al llegar aquí.

Me golpearon, sí; me intimidaron también. Durante los interrogatorios, la manera aplastante en que me señalaron, como delincuente, como asesino, llegó a extremos tales, que en mi mente cansada y abatida, se recreaba el purgatorio. ¡Todos eran diablos desgajando mi integridad! En coro infernal, afirmaron mi saña, describieron un cadáver, trazaron un escenario desordenado y sangriento, donde yo, protagonista maldito, tomé la vida de aquel hombre. ¡Puros infundios! ¡Perversos! ¡Rompieron mi vida!

Lloro, sí; ¿cómo no hacerlo? Son lágrimas de impotencia las mías, como las de tantos más. Rabia pura contenida. La indefensión es la peor de las infamias y ellos dejan a cualquiera disminuido al extremo, como animal de sacrificio. Luego, afilan sus largos cuchillos y en un festín de sadismo, desangran y destazan, hasta que no queda nada del individuo… sólo jirones. Lloro porque ya no puedo ver nada más que un tiempo muerto para mí. Sólo existe la esperanza -¿esperanza?- de caminar de nuevo por las calles en la vejez. A veces se hace chiquita, cuando mi salud se quebranta; en ese momento creo que moriré aquí. ¡Falta tanto tiempo para que salga!

« ¡Usté fue! No diga que no. No lo niegue. No mienta. No se retracte. No se desdiga. No discuta. No retobe. No amenace. No injurie. No blasfeme. ¡Usté lo mató! No contradiga. No grite. No balbucee. No gima. No chille. No llore. No se retuerza. No se quite. No se proteja. No junte los brazos. No se duela. No sienta. No deje de sentir. No se caiga. No se desmaye. ¡Lo asesinó sin piedad! No se levante. No haga buches. No se ahogue. No vomite. No se convulsione. No se caliente. No se enfebrezca. No se agobie. No se debilite. No se tambalee. No pierda el sentido otra vez. ¡Su saña no tuvo límites! No se eche pa" atrás. No se queme. No se marque. No se estrelle contra la pared. No se entuma. No se muera. ¡Lo descuartizó como a un puerco! No se haga como hilacho. No se bambolee. No se raje. No se quiebre. No se desmadre. ¡Usté se lo chingó con premeditación, alevosía y ventaja! ¡Llévense a este asesino! Ya confesará. »

Todo es para mí una pesadilla recurrente. Los recuerdos y el miedo me alejaron del sueño, no puedo dormir. Al tiempo, me bautizaron como el Zombi. Soy el hombre de las pupilas idas; el Quietecito, el Filoso.

Trabajo en la carpintería haciendo lámparas, cuadros con la Virgen de Guadalupe, repisas, charolas y, a veces, juegos de ajedrez… pero los pagan muy baratos, demasiado, y aquí se necesita mucho el dinero. No es lo mismo estar en este pabellón que en el de La Jauría, y estar aquí cuesta, como cuestan los cigarros, la sombra del patio, las cocacolas y el que dejen pasar las mercancías que traen los familiares. No pagas, no te llegan, alguien las requisa en el camino. ¿Quieres tener radio?, cuesta. ¿Quieres tener una televisión chiquita?, cuesta. ¿Quieres que en las inspecciones no se lleven las pocas porquerías que tienes?, cuesta. Todo cuesta. Hay cosas que no se pueden evitar, pero de eso no quiero hablar… Se pierde hasta el último gramo de dignidad, y el hombre más hombre queda con un rencor clavado para toda la vida, a no ser que equilibre las cosas, arrancándole la vida a su agresor.

Aquí, aunque se llegue inocente, va uno acumulando delitos y condenas. Los años por cumplir se multiplican y, como autojustificación, uno empieza a creer  que todas las barbaridades cometidas contra otros, finalmente valieron la pena.

Soy un hombre triste, de recuerdos demasiado lejanos que se han ido borrando; hombre que se ha vuelto cruel e insensible a punta de tanta iniquidad. Soy un sobreviviente dentro de los sobrevivientes. Ojalá que Dios me demuestre que sí existe y, aunque tenga 68 años al salir, mis piernas puedan recorrer todavía, muchas, muchas calles.

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