En la realidad, los niños héroes no salvaron a la patria, pero dieron su vida en el intento. La batalla de Chapultepec se perdió el 17 de septiembre de 1847 y cinco meses después, ya tomada la ciudad entera, se firmaba en la sacristía de la Villa de Guadalupe el Tratado Guadalupe Hidalgo, donde México cedía a los gringos más de la mitad de su territorio. La bandera norteamericana ondeó no sólo en el Castillo de Chapultepec, sino también en el zócalo de la ciudad, en la actual Plaza de la Constitución. Recordar esos hechos y la presidencia de aquel hombre, es para llenarse de rabia y vergüenza. 15 millones de pesos recibiría Santa Anna, mismos que desaparecerían, por el nuevo límite fronterizo: el Río Bravo; los norteamericanos, muy satisfechos de su expansionismo, tomaban posesión de más de 2 millones de kilómetros cuadrados de lo que fue territorio nuestro.
Me he detenido a recordar este pedazo de nuestra historia porque a veces se esfuma de nuestras mentes el trasfondo real, y en Chapultepec, además del esplendido monumento en mármol construido en su memoria, existen otros dos sitios que recuerdan a los héroes niños. Ambos están a las faldas del castillo, uno es un obelisco y el otro una placa que indica el lugar preciso donde cayó envuelto en la bandera el cadete Juan Escutia en su último e irremediable acto de honor: que la bandera no fuera tomada por las manos de los invasores.
Chapultepec es historia y cultura, es arte y esparcimiento, es mansedumbre y pasión de enamorados, es tierra fértil para el pensamiento y campo de batalla de ajedrecistas. Desde los tiempos prehispánicos los manantiales de agua de Chapultepec eran preciados. Existen, aunque en condiciones lamentables, vestigios de los baños de Moctezuma y construcciones prehispánicas diversas, incluyendo piedras labradas con algunos motivos propios de las culturas antiguas (mexica y tepaneca entre otras). Los antiguos mexicanos colocaban adoratorios en los puntos altos de los cerros y algunas montañas; si bien la cima del Cerro del Chapulín no fue la excepción, no quedan vestigios de ello y en el lugar está fincado el Castillo que habitara la pareja imperial de Maximiliano y Carlota, entre muchos otros personajes.
La presencia de Maximiliano, Príncipe de Habsburgo y su amantísima mujer la Emperatriz Carlota, fue el resultado de la solicitud que muchos mexicanos apátridas, seguidores de Santa Anna y grandes ricos de la época, apoyados incondicionalmente por el clero,hicieran frente a naciones europeas, ya que: México no se podía gobernar a sí mismo y era necesaria la conducción de una "excelencia" del continente europeo para que pusiera orden y marcara el curso de nuestra nación. Aunque parezca increíble, a la fecha prevalecen actitudes semejantes de entreguismo frente a países extranjeros y sus costumbres, venerándolos y prefiriéndolos por encima de todos nuestros valores nacionales. Hoy como ayer, sólo importan los grandes intereses. Lo que pasa en nuestros días pareciera ser un espejo de la historia.
Chapultepec es entrañable, se le queda a uno para toda la vida. Como una caja de sorpresas a cada paso tiene algo que regalarnos, todo es cuestión de dejarse llevar por la frescura del bosque, por el deseo de encontrar un remanso para conversar o andar a la caza de secretos. Ni qué decir de las largas caminatas que emprenden los enamorados, donde el silencio se interrumpe nada más por sus suspiros, escarceos y besos apasionados.
En la actualidad se habla de sus tres secciones, pero realmente es la primera la que está más arraigada en el alma popular, la que nos adentra en la historia y la cultura, la que extiende una invitación al romance, a los recuerdos, a la reflexión o simplemente al sano esparcimiento. La segunda sección es famosa y visitada principalmente porque allí se encuentra el Parque de Juegos Mecánicos y la Montaña Rusa. La tercera sección de Chapultepec, colindante con el Panteón de Dolores, es de hecho una zona virgen ubicada entre la colonia Lomas de Chapultepec y la Avenida Constituyentes, de más difícil acceso para los que no tienen automóvil.
Situado al poniente del Distrito Federal, con una superficie de más de 8 millones de metros cuadrados (809.37 hectáreas), el Bosque de Chapultepec es uno de los paseos preferidos por la población capitalina y sitio obligado para todos los que visitan la Ciudad de México. El significado de Chapultepec, de origen náhuatl, nos es enseñado desde la educación primaria: de chapulli (saltamontes) y tepe (tl) (cerro),Chapultepetl: Cerro del chapulín, recordándonos que en el sitio abundaban los saltamontes y, también, que aquí estuvo presente la cultura mexica.
El Bosque de Chapultepec es el parque urbano más grande de América Latina y debemos considerarlo en todo lo que es: un tesoro verdaderamente invaluable. Es al mismo tiempo un precioso aparador donde ha pasado, sin excepción, toda la sociedad capitalina. El recorrido que iniciaremos en las siguientes líneas nos permitirá revalorar y animarnos, espero, para volver a visitar y disfrutar ese milenario y sorprendente bosque.
« En aquel tiempo, se hacían los rituales para los baños de nuestro señor Moctezuma. Los sonidos de las flautas y los teponaztles se quedaban en el aire. Las purísimas aguas de los manantiales limpiaban el cuerpo de nuestro emperador, rodeado el espacio con el aroma de las flores »
La calzada Juventud Heroica es la continuación del Paseo de la Reforma e inicia justo en las inmensas rejas de hierro forjado, resguardadas por un par de leones imponentes,que "resguardan" la entrada al Bosque, desembocando directo a un majestuoso monumento de mármol con seis columnas. Es el de los Niños Héroes, aquellos cadetes que dieron su vida en la defensa del Castillo de Chapultepec, sede entonces del Colegio Militar, contra los feroces invasores norteamericanos en la llamada, con toda propiedad, Guerra de Intervención Norteamericana (1846 - 1848). Estaba en la presidencia del país el más grande traidor a la patria: Antonio López de Santa Anna. Seis cadetes heroicos registra la historia, con edades de los 13 a los 17 años: Juan Francisco Escutia, Juan de la Barrera, Agustín Melgar, Fernando Montes de Oca, Francisco Márquez y Vicente Suárez.
En estos tiempos de turbulencia es imperativo, más que nunca, un cambio profundo en la forma de conducirnos. El de Nazareth, Jesús, sembró una semilla, que sería bueno que germinara en acciones. De cada uno de nosotros depende ese cambio. Hoy se festeja su nacimiento. !Felicidades!
El
segundo grito no tiene que ver con la historia patria, pero sí con el
regocijo que invade a este Chobojo Mayor y al chobojal asociado (al
menos eso espero) al haber alcanzado una meta que parecía demasiado
lejana: llegar al primer millón de páginas vistas por ustedes, nuestros
asiduos internautas.
Se
escribe rápido, se dice fácil, incluso, tratándose de Internet, se
pensaría que el número es pequeño. Sin embargo, ya que la cultura no
tiene tantos fanáticos como las páginas pornográficas, las noticias
sobre tecnología informática, los juegos o los escándalos de los
artistas, es indiscutible que el número reviste para nosotros su
importancia.
Es
un verdadero aliciente saber que ustedes están ahí, leyendo; es un
compromiso, también, seguir con la labor, poniendo los granitos de
arena, que van formando, poco a poco, dunas y, después, montañas; es
una promesa también, seguir cometiendo cultura en este Blog, a través
de nuestros impresos y, en la medida de lo posible, participando
personalmente donde seamos requeridos.
¡Un millón de páginas!, un melón, como decimos acá en México, un mil de miles o lo que es lo mismo: una milanesa de milanesas… Se siente bien, Chobojos y sólo puedo decirles: ¡Gracias por seguirnos!
¡Vivan las ideas! ¡Viva la palabra! ¡Vivan los Chobojos!
Con música, pozole, beberecua y satisfacción, en este septiembre: Chobojo Master
La flor de nochebuena o cuetlaxóchitl es originaria de México. En náhuatl significa: flor de pétalos resistentes como el cuero. En el México precortesiano, constituía un símbolo que correspondía a la "nueva vida" adquirida por los guerreros que morían en batalla. Se le dio el nombre de flor de nochebuena porque normalmente florece en diciembre.
Se usa como un medio para aumentar la leche en las mujeres que amantan; las cataplasmas y fomentos de cuetlaxóchitl se aplican para algunas enfermedades de la piel como la erisipela
Los pétalos machacados de la flor mezclados con la resina de los pinos –oxtle– y otros elementos, eran usados para teñir el cuero y algunos textiles
El embajador de los Estados Unidos –1828– R. Poinset, tuvo predilección por esta planta a grado tal que le dio el nombre de poinsetia, nombre con el que se le conoce en el vecino país y en otros países europeos a donde dicho embajador la envió.
Durante las fiestas decembrinas, la flor de nochebuena es la planta de ornato que da el toque de vida y esperanza, conjugando la tradición prehispánica con la religiosa correspondiente a estas fechas.
... yo les llamo a los muertos mis amigos, y les llamo a los vivos mis verdugos. Juan de Dios Peza
Nos falta sangre en las venas pa' aguantar lo que sentimos y más hoyos en la tierra para la hora de morirnos, donde enterrar tanta muerte de esto que hoy tanto vivimos. Marco Antonio Solís
Patas de catre, Patas de hilo, Siríaca, La Chaneca, La Flaca, La Calaca, La Tilica, La calaca tilica y flaca, La Huesuda, La Pelona, La Calavera, La Caneca o, simplemente, La Muerte. Nombres mexicanos de la muerte
El día que yo me muera, compadre, no me lloren... ¡Tráiganme un Mariachi y canten! ¡No me lloren, canten! Reflejo de nuestra idiosincrasia
Si me han de matar mañana, que me maten de una vez. La Valentina, canción mexicana
El día que a mí me maten que sea de cinco balazos y estar cerquita de ti para morir en tus brazos La Cama de piedra, canción mexicana
¡Mátenme pa" que me muera, que esta vida, sin ti, no me sabe Anónimo
El muerto murió y la viuda está muy triste porque el muerto se peló. Canción mexicana
A mí la muerte me pela... los dientes Bravuconada
Se va la muerte cantando por entre la nopalera: -¿En qué quedamos, Pelona, me llevas o no me llevas? Tomás Méndez